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La guerra no es la única opción
George Chaya
Semanario Atlántico, USA
Ante la persistente negativa del régimen persa en dejar de lado su
programa nuclear, o incluso para entrar en negociaciones serias, el
presidente Obama acaba de prometer sanciones estrictas y duras para la
República Islámica de Irán. Dichas sanciones, e incluso los embargos, no
causarán problemas al gobierno iraní del líder supremo Ali Khamenei y de
su representante, el presidente Mahmoud Ahmadinejad, tales sanciones no
lograran revertir el curso y poner fin al controversial programa
nuclear. En verdad, nada va a convencer al actual régimen iraní a
retroceder en su loca carrera para convertirse en una potencia atómica.
Khamenei y sus estrechos colaboradores de los Guardianes de la
Revolución Islámica son partidarios de considerar el proyecto nuclear
como prioritario para mantenerse en el poder y continuar con el control
de Irán.
Para Khamenei, Ahmadineyad y el Pasdaran iraní, alcanzar el poder
nuclear significa: a) erigirse en un poder a partir de cuya fortaleza el
chiísmo avance sobre la sunna representada en la región por la casa Saud
(Saudi Arabia); b) fortalecer su régimen represivo ante la creciente
oposición de la sociedad civil; y c) la obtención de armamento y poderío
nuclear lo posicionaría en igualdad de condiciones ante su jurado
enemigo israelí situándolo en posición de poder ejecutar las amenazas
lanzadas en reiteradas ocasiones por Ahmadinejad en relación a borrar al
estado judío de la faz de la tierra.
Si nos ceñimos a los acontecimientos y las conductas del régimen iraní
de los últimos 3 años, incluso con las sanciones y embargos,
difícilmente su dossier nuclear se pueda detener a esta altura de los
acontecimientos, y en este sentido Francia lo ha percibido y de hecho su
canciller lo ha declarado en la Unión Europea, lo mismo la cancillería
alemana y hasta Moscú ha despertado de su sueño auto-inducido y de años
de colaboración con el régimen de Teherán.
¿Es una guerra la única opción? ¿Qué se debe hacer en consecuencia?
Es cierto que las sanciones todavía tienen un papel importante que
desempeñar, pero se debe comprender cuál es ese rol. Ejercer presión
económica sobre Irán no hará que su liderazgo revierta sus políticas en
curso, pero si puede convencer a la mayoría de los iraníes de clase
media y baja que hasta ahora no se pronuncian contra “el establishment”
que este régimen está más preocupado por mantenerse en el poder que por
el bienestar de Irán. La presidencia de Mahmoud Ahmadinejad ha sido una
profunda decepción para la mayoría de los iraníes y las protestas en las
calles muestran esta decepción de forma prístina.
El candidato Ahmadinejad prometió en 2005 que iba a introducir reformas
económicas y que llegaba al poder con políticas anti-corrupción que
prometió implementar, pero jamás cumplió. Cuatro años más tarde, la
ciudadanía iraní vio con claridad que las reformas no se realizaron y
que la economía había empeorado considerablemente debido, en gran
medida, a las ingentes sumas de dinero destinadas a la financiación de
grupos terroristas aliados de Irán en el extranjero (hezbollah, hamas,
jihad islámica y los grupos insurgentes en Irak), así como las sumas
gastadas en el programa nuclear y los sistemas de nuevos misiles.
Cansado de ser esquilmado; el pasado año, el electorado iraní votó por
un cambio, y fue allí cuando los iraníes descubrieron cuán corrupto era
su gobierno cuando Ahmadinejad fue declarado ganador por mayoría de dos
tercios el mismo día de la elección, aun cuando no todos los sufragios
habían sido contados y cuando el voto real había sido abrumadoramente
mayoritario a favor del líder opositor, Mir Hussein Moussavi, ello dio
lugar a lo que se conoció como “la revolución verde” y los iraníes
comenzaron a cuestionar la legitimidad de su gobierno volviéndose la
mayoría del pueblo contra el régimen a pesar de la cruenta y violenta
represión que dejo un coste de cientos de muertos inocentes.
En este escenario, la impopularidad del gobierno trepo a niveles
inimaginables en los últimos meses, más aun cuando éste decidió poner
fin al programa económico de subvenciones que ha estado en vigor durante
treinta años “los subsidios en Irán son muy comunes y van desde el
combustible hasta el precio de la carne y el pan”. Para las clases
bajas, la pérdida de los subsidios resulto excesivamente dolorosa, según
informes de la cadena Al Jazzera, “el índice de pobres en el país se
disparo a cifras mayores que las de los años 70”. “La inflación real fue
del 31% durante 2009 y sin los subsidios a los alimentos básicos puede
ser que la inflación supere tres veces ese 31% a finales de 2010”. “Los
niveles de población desempleada en menores de 30 años de edad treparon
al 25%” según el mismo informe de la cadena televisiva árabe. Todo ello
muestra que la olla persa se encuentra en estado de ebullición.
Las sanciones y los futuros embargos deberían centrarse sobre todo lo
que Irán este solicitando del mundo exterior solicito el presidente
Obama a sus pares ruso y chino en la primera charla sobre el tema
“excepto alimentos y medicinas” y lo mismo para las exportaciones del
crudo que produce Irán. Con ello, puede que Occidente logre aumentar la
presión al punto que los iraníes en las calles digan basta a este
régimen antidemocrático y represivo. Los manifestantes llevan casi nueve
meses cantando:”Ni Gaza ni el Líbano es nuestro asunto, no a Gaza, no al
Líbano; Irán es nuestro país”, lo cual indica el descontento popular con
el apoyo del régimen iraní a Hamas y Hezbollah.
Pero lo importante es que Occidente comprenda que la presión económica,
las sanciones y los embargos tienen su lugar en el conflicto con la
República Islámica de Irán desde bastante tiempo atrás, y nadie debe
equivocarse, Occidente esta comprometido en una guerra que este régimen
iraní comenzó en 1979 contra él.
La guerra económica afecta a las clases más bajas antes que a los
privilegiados del régimen, esto es lamentable, pero si esa guerra
económica se acompaña de una campaña de apoyo a la “revolución verde” de
la misma manera que se apoyo las revoluciones de Polonia y del resto de
Europa Oriental en el pasado, el pueblo iraní se sentirá apoyado y
responderá positivamente buscando su propia libertad.
En otras palabras, el presidente Barack Obama y la Secretario de Estado
Hilary Clinton pueden y deben hacer mas allá de las sanciones que se
preparan en el Departamento de Estado y en el Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas, y si realmente quieren ayudar a frenar al régimen de
Teherán, ellos deben seguir el ejemplo del Papa Juan Pablo II, del
sindicalismo polaco y de Europa occidental durante la confrontación en
los años de la Guerra Fría y que dio lugar a la caída de la ex Unión
Soviética, el presidente Obama debe apoyar abiertamente y sin sonrojarse
al pueblo iraní, tanto como el presidente Ronald Reagan lo hizo con los
disidentes soviéticos de aquellos años. Así, la sociedad persa
comprenderá el gesto y percibirá que realmente Occidente esta de su lado
y contra el régimen de los mullah que los está llevando directamente
hacia el acantilado en todo sentido.
El liderazgo disidente iraní declaro hace pocos días en Alemania que:
“ahora es el momento de quitarse de encima el régimen corrupto de
Khamenei, Ahmadinejad y sus Pasdaran”, estas no son declaraciones
menores, pero es importante que la comunidad internacional comprenda qué
efecto puede tener una guerra con Teherán, ir a Irán no será un paseo
por el parque, de allí que resulta de suma importancia tanto las
sanciones y el embargo, como también que con ello no resolverán la
situación si no se presta abierto y decido apoyo al pueblo y la sociedad
civil de Irán.
Reenvia: www.porisrael.org
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