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Moshe Pitchon

Moshe Pitchon es profesor de Literatura Bíblica y Filosofía judía. Reside en los Estados Unidos donde además es director de BY una iniciativa dedicada a enmarcar el judaísmo del siglo 21. Sus comentarios son publican en inglés, francés, español y portugués en diferentes medios y en diferentes países.

29 de abril de 2015

¿A que aspira el judío?

La religión es comúnmente identificada con la práctica de rituales. De hecho, los judíos ortodoxos llamados "datim" en Israel; una palabra aramea que originalmente significa "ley". "Datim" son los que observan las leyes, en particular las leyes del culto.

De leyes dietéticas, a la observancia de las festividades religiosas, hasta el modo de vestir, las leyes de culto son prácticas cuyo objetivo es el de facilitar la participación en un mundo trascendente, un mundo que como lo entiende la religión es la "realidad última."

Todas las religiones comparten en común la característica de clasificar todas las cosas en dos reinos: el santo y el profano.

"Santo", en pocas palabras, significa valor absoluto, lo que es de valor incomparable. Incomparable aquí no es simplemente súper- excelente, sino lo que no puede ser derivado y comparado con otros bienes. Algo es santo cuando está fuera y por encima de lo actual.

Es un estado de ánimo o actitud espiritual que va más allá de la supervivencia física, una conciencia de estar relacionado con aquello que hace que la vida tenga significado. Es la esfera en la que los seres humanos ponen en juego su destino, el ámbito en el que las motivaciones más profundas del ser humano, las que hacen que la vida valga la pena ser vivida, están enraizadas.

Si el día a día es lo que usamos como medio para lograr fines, lo santo es un fin. Para el judaísmo: la santidad es el fin al cual el judío se esfuerza por alcanzar. Es por eso que una de las expresiones más importantes de la Literatura Fundacional de Israel se encuentra en el libro de Levítico capítulo 19, versículo 2

Ustedes deben ser santos porque Yo, el Señor vuestro Dios, soy santo.

Es cierto que para los antiguos sacerdotes y todos aquellos que hoy en día tienen una mentalidad sacerdotal, la santidad tiene que ver principalmente con la observancia puntillosa y hasta pedante de minucias ritualistas. La santidad sacerdotal es acerca la formalidad visible. Como escribió el Dr. Kauffman Kohler en su obra clásica de teología judía, en marcado contraste con esta actitud,

"La santidad que el judaísmo atribuye a Dios denota la pureza ética más alta, inalcanzable para la carne y hueso, pero diseñada para ser emulada."

Para alcanzar la santidad, un judío debe honrar a su madre y a su madre y a su padre, no actuar falsamente ni mentir, no maldecir a los sordos ni poner tropiezo delante del ciego, no ser culpable de cualquier injusticia, no propagar chismes-, no mantenerse de brazos cruzados frente a la sangre del prójimo, no odiar, no buscar venganza ni guardarás rencor ... sino amar al prójimo como a sí mismo. En resumen, la santidad es básicamente un valor ético.

Abraham J. Heschel, un rabino conservador y uno de los principales teólogos judíos y filósofos judíos del siglo 20, observó agudamente que:

"El Decálogo no contiene ningún mandamiento de adorar a Dios. Se nos dice "Honra a tu padre ya tu madre", no se nos dice, "Honra a tu Dios, adóralo, ofrece sacrificios a Dios."

Debido a que el concepto de santidad parece haberse originado en los círculos sacerdotales, ocurriendo con mayor frecuencia en el libro de Levítico y en el Libro de Ezequiel el sacerdote, es identificado, de manera simplista, con el sacerdocio, tal como en "un reino de sacerdotes y una nación santa."

Pero, como Israel Knohl, el jefe de la cátedra de estudios bíblicos en la Universidad Hebrea de Jerusalén lo señala, incluso entre los sacerdotes que escribieron en la Torá

"Trabajar por la justicia social, el cuidado de los pobres y los débiles, amar a los prójimos, todos esto forma parte del concepto de la santidad ..."

La observancia de ritual sin moralidad, hace que la meta de la religión judía sea imposible. A fin de asegurar este entendimiento es que fueron escritos los capítulos 17 al 26 del libro de Levítico.


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