Encendido de Velas

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Janet Rudman | Conocer más

Licenciada en Relaciones Internacionales. Analista en Marketing. Lectora intuitiva y voraz. En lo laboral me he desempeñado en tareas variadas. Di clases de Marketing para principiantes, fui la Encargada de la Revista Kesher de Jabad desde el año 2003 al 2010. Editora de Jai Mujer desde abril del 2011.

18 de setiembre de 2018

Las festividades de mi infancia

por Janet Rudman

Mi mamá insistía en cocinar platos complicados, con mucho sacrificio, para mortificar a su familia y hacernos sentir culpa. Era la madre judía perfecta, parecía salida de una película de Woody Allen. Supongo que ver la mesa con una cantidad excesiva de comida, la retrotraía a su Polonia natal, dónde se crió entre persecuciones y escasez. Tuvo una infancia donde la incertidumbre fue protagonista: su alimentación se basaba en papá y cebolla, desconocía cuándo iba a suceder el siguiente progrom.

Nunca se hablaba del perdón en casa. Los temas espirituales para mamá no existían. Estaba orgullosa de sus manteles bordados, sus platos festivos y la exageración gastronómica.

Cierro los ojos y ante mí aparecen dos mesas puestas, una en el living y otra en el estar. Los mayores se sentaban en la mesa del living y ahí estaban las mejores fuentes de comida. El guefilte fish era al horno o cocido, pero también había pescado en escabeche. Los jóvenes teníamos que servirnos de allí, lo bueno era que nos sentábamos juntos. Venían mis primas, mi hermana, y siempre caía alguna alma que no tenía donde pasar la festividad. Yo también voy por ahí preguntando quién no tiene lugar en una mesa familiar y me da mucha alegría compartir la mía. Es como una herencia incorporada.

Mi mamá y mi tía pasaban días cocinando juntas. Ellas competían por el premio al mejor guefilte fish. Las suegras siempre traen complicaciones y la mía trajo su guefilte fish dulce, que heredó de su familia. Con los años, probé otros también agridulces y decidí que mi sabor del pescado era dulce.
Como forma de mostrar sus proezas culinarias a los invitados tenían prohibido traer comida, porque eso sonaba a competencia. De todas formas, estaban todos felices, de venir a un finalización de Iom kipur sin ayuno. Mamá cocinaba toda la tarde porque no ayunaba ni iba al shil. Yo siempre me resistí a eso, nunca entendí porque ni siquiera empezaba el ayuno.

El espíritu de Iom Kipur estaba en la tradición familiar aunque siempre deseaba tener un Kipur completo, con todos los rituales. Primero para demostrarle a mi mamá que cocinaba bien. aún cuando ella no lo creía y también que podía construir un hogar judío basado en el respeto. Las cenas fueron en casa luego de la muerte de mi suegro. Ya no me gustaba solo realizar una cena sin contenido, así que yo tomé la responsabilidad de la continuidad.

Pasó mucho tiempo. Ya no me importa si el guefilte fish es salado o dulce, si el helado que me trajeron es de Freddo o la Cigale.


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