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Psic. Fabián Schamis Fursztein | Conocer más

Es Licenciado en Psicología de la Universidad de la República.
Cuenta con más de 15 años de experiencia dirigiendo Organizaciones Comunitarias en España, Brasil y Uruguay.
Actualmente se desempeña como Director de CIPEMU y consultor para Empresas y Organizaciones de diverso porte.
Está casado y tiene un hijo, que lo comparten con su amor por la música (es guitarrista), su creencia en que lo único permanente es el cambio y que el mismo se puede dar solo a través de la educación y de los jóvenes.

28 de agosto de 2014

No todos los viejitos son buenos

Pasan los años y pocas cosas cambian. Pasan las crisis en medio oriente y pocos tienen un real cuestionamiento de lo que ocurre.

Hace pocos días tuve oportunidad de participar en un foro donde contaban los mil y un horrores de Almagro, al punto que inclusive algunos interlocutores llegaron a decir que nunca se había visto cosa igual en Uruguay (en referencia a la crispación antisemita que nos toca vivir al día de hoy). Entiendo que la gente cometa errores, pero como Comunidad hay un lujo que no podemos darnos: tener mala memoria. Y lo de ahora, con todo respeto, no es de ahora. Permitámonos recordar el período del Excelentísimo Canciller Reinaldo Gargano. En esos años, en que el Gobierno nacional estaba en manos de alguien “mucho mejor” que el de ahora según estos mismos interlocutores, tuvimos que presenciar cómo se entregaron (literalmente) todos los estamentos educativos a las más fieras corrientes antisemitas. Así la Universidad pasó de ser un ambiente plural, basado en los principios de la Revolución Francesa, a ser un antro de desinformación y manipulación ideológica.
En las Escuelas y Liceos se violó la laicidad en forma sistemática. Se introdujo el tema medio oriente en todos los espacios posibles, donde es probable que este fuera el último tema que pudiera interesar. Todo esto ocurrió con el pulgar arriba del Canciller, la anuencia del Presidente de la República y la articulación de los Sindicatos, quienes en definitiva son la red de tentáculos que se entrecruzan en nuestra sociedad en forma rizomática e imponen posicionamientos sobre temas que son ajenos a Juan Pueblo.
En el 2006 sin ir más lejos, durante la Guerra del Líbano, tuvimos que sufrir y padecer expresiones de corte antisemita en nuestro diario vivir de forma cruda y constante.
Todo lo que vemos ahora, pintadas, declaraciones de cualquier “pelagato” en radio y televisión, programas especiales y enviados a la “zona de conflicto” de dudoso carácter moral y periodístico, ya lo vimos. Ya lo vivimos.
Nada de esto es nuevo, solo que como Comunidad lo olvidamos. Por interés, desidia o Alzheimer, pero parece que ocho años son suficientes para que esto ocurra.
Los motivos prefiero no adentrarme ya que seguramente sería entrar en cuestiones mezquinas y miserias intracomunitarias (tan bajas como aquellas que llevaron a otorgarle el Premio Jerusalem al Presidente Mujica). A su vez, cabe recordar que en aquella oportunidad (igual que en 2008 y en cada crisis), la Comunidad demoró una eternidad en generar una respuesta en bloque a efectos de frenar la repugnante onda antiisraelí que se instaló en el país.
¿Por qué nos cuesta tanto acceder y utilizar los mismos medios que se utilizan para masacrarnos cotidianamente? Hay diversas variables que llevan a esta situación, pero principalmente son las expuestas con anterioridad:
- Desidia por parte de la mayor parte de la Comunidad a la cual poco importa la identidad judía, sino que más bien esa identidad resurge cuando nos es recordada (de mala manera) por terceros.
-Alzheimer Comunitario. Esa enfermedad que nos impide captar señales que ya vivimos en diferentes momentos históricos y que en algún caso terminaron con consecuencias desastrosas.
-Intereses espurios de unos pocos. Aquellos que cuando disparan contra la Comunidad, en lugar de censurar, prefieren comparar el tamaño de las balas para no herir amigos.
Para que este tipo de artículos no queden en un vano ejercicio catártico, propongo reivindicar una palabra que ha sido constantemente vapuleada y se le ha adjudicado un carácter peyorativo: Lobby.
Es hora que la Comunidad Judía haga lo que toda la vida (al menos desde que existen los “Protocolos de los Sabios de Sión”) se le acusa de hacer. Es hora de tener reuniones con cada partido político y preguntar de frente cuál es la política que planean tener para con la Comunidad en caso de acceder al Gobierno en lugar de entregar dinero en campaña para “tener amigos”. Es hora de pisar fuerte en los medios de comunicación para que de a poco, las noticias relacionadas con Israel se acerquen a la ecuanimidad. Es hora de ingresar en los Sindicatos para que se escuche nuestra voz entre quienes son operadores del antisemitismo.
Ese Lobby que en tantos países es costumbre y que lejos de ser algo negativo ayuda a generar tranquilidad y predictibilidad en las diferentes sociedades, en Uruguay no es de recibo.
Es claro que algunos operadores Comunitarios reirán al leer este artículo y pensarán para sí mismos que esto se hace desde mucho tiempo atrás y que ellos mismos lo llevan adelante. En su lugar, vistos los resultados nefastos de los últimos ocho años, dejaría de reírme y me preguntaría si no es mejor dejar a una nueva generación tomar sus lugares.


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