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Rubén Kaplan

Radicado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, es escritor y periodista de política internacional, especializado en temas de Medio Oriente y terrorismo islámico.
También, ha desarrollado temas vinculados al Holocausto, antisemitismo y otras formas de discriminación; colaborando con diversas publicaciones de Europa, América y Medio Oriente. Autor del libro "Tras el velo. La mujer en el Islam", presentado en la 37° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
En los últimos 7 años, escribió cerca de 400 artículos para periódicos de los países antes mencionados, que fueron, a la sazón, muchos de ellos traducidos a varios idiomas y reproducidos en su website personal (www.rkpress.com.ar) y decenas de blogs.

27 de marzo de 2014

El carácter judío del Estado de Israel

Como viene repitiéndose de manera cíclica, mientras se están llevando a cabo conversaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, en esta oportunidad con la mediación del Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry, empeñado en lograr un acuerdo marco que posibilite lograr la utópica paz entre Israel y sus beligerantes vecinos árabes, los palestinos presididos por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Mahmoud Abbas, sin ofrecer nada a cambio, acrecientan sus demandas y exigencias, que se asemejan a extorsiones, para seguir discutiendo la chance de tener un Estado propio.

En las negociaciones para alcanzar ese objetivo, no participa el soslayado inexplicablemente movimiento terrorista Hamas, que controla la Franja de Gaza y que jura no reconocer nunca la existencia de Israel y promete su destrucción al igual que la República Islámica de Irán. Adoptando la actitud del avestruz, todos los involucrados sin excepción, desestiman como si fueran irrelevantes el rol, la postura y declaraciones como las formuladas en 2011 por Ismail Haniyeh el líder de Hamas quien admitió sin ambages ni disimulo, en una ceremonia para conmemorar el vigésimo cuarto aniversario de su fundación, que Hamas podría trabajar en el “objetivo intermedio de la liberación de Gaza, Cisjordania o Jerusalén”, pero que este objetivo “interino “y la reconciliación con Al Fatah no va a cambiar el objetivo estratégico a largo plazo de eliminar a todo Israel”. “La resistencia y la lucha armada son el camino y la elección estratégica para liberar la tierra palestina, desde el Mar Mediterráneo al río Jordán, y por la expulsión de los invasores y usurpadores Israel. En el discurso que pronunció Haniyeh que fue transmitido por Hamas Al Aqsa TV y traducido y presentado por el Instituto de investigación de Palestina Media Watch, éste dijo: “nosotros no renunciaremos a una pulgada de la tierra de Palestina”. También prometió que Hamas “conducirá Intifada después de Intifada hasta liberar a toda Palestina, con la complacencia de Alá, Alá Akbar y alabanzas a Alá”.

Precisamente, desde el territorio que el Estado judío abandonó de modo unilateral como gesto conciliador en el 2005, luego de permanecer allí 38 años, desalojando como parte del Plan de Desconexión implementado por el gobierno de Ariel Sharon y aprobado por el Parlamento, a 17 asentamientos con numerosa población judía, se produjo este mes de marzo otra injustificada agresión probablemente por parte de la Yihad Islámica- otro de los numerosos movimientos terroristas musulmanes que va cobrando sangriento protagonismo y amenaza disputar la hegemonía y el poder de Hamas en la Franja de Gaza- al lanzarse una andanada de más de cien cohetes y morteros contra la población civil de varias localidades israelíes al sur del país. El grave hecho, patentiza dramáticamente la ucronía y el desatino de esa decisión.

Quien representa a una franja de los palestinos, no a la totalidad, Mahmoud Abbas, menos conocido por su nombre de guerra “Abu Mazen, es considerado erróneamente por Occidente como un “moderado”. Esa apreciación la comparte ingenuamente el presidente israelí Shimon Peres, quien lo calificó como “el mejor presidente palestino que Israel pueda tener como socio”. Peres, más elogiado en el extranjero que en su país, fue uno de los artífices del fracasado Plan de Oslo y obtuvo en 1994 el Premio Nobel de la Paz junto al Presidente de Israel Itzjak Rabin (asesinado por el extremista israelí Igal Amir en 1995) y Yasser Arafat quien presidía la organización terrorista Al- Fatah, un apéndice de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Otro desacierto del laureado Shimon Peres fue haberle otorgado en 2012 al oscuro y siniestro Henry Kissinger un premio en honor a su “contribución significativa al Estado de Israel y a la humanidad”. No puede desconocer el longevo presidente israelí que a Kissinger, afectado por el síndrome de odio a sí mismo tan de moda en alguna intelectualidad judía, se lo acusó de haber retrasado deliberadamente la ayuda militar americana en los infaustos días de la Guerra de Yom Kipur con el objeto de que Israel “se bañara en sangre” y aceptara un acuerdo de paz. En ocasión de una reunión que mantuvo el ex Secretario de Estado norteamericano con Golda Meier, en la cual ella le rogó que apoyara las campañas para liberar a los perseguidos judíos soviéticos, Kissinger en un arrebato de furia le contestó: “La inmigración de los judíos de la Unión Soviética no es un objetivo de la política exterior americana. Y si ellos ponen a los judíos en cámaras de gas en la Unión Soviética, no es una preocupación americana.” En octubre de 2012 un artículo publicado en WordTribune, firmado por Alexander Maistrovoy, reproduce declaraciones de Kissinger donde afirma que en 10 años, Israel dejará de existir. Cindy Adams del New York Post, corroboró: ” Henry Kissinger me informó, ha dicho – y cito la palabra del comunicado por palabra: “En 10 años, no habrá más Israel.” Culminando la saga de despropósitos, a contramano de la mayoría de los ciudadanos israelíes, el Presidente Shimon Peres, en enero pasado, contrariando el reclamo de su gobierno a los palestinos de que reconozcan el carácter judío de Israel, dijo que ese requisito no era necesario. Peres no fue el único político israelí en banalizar la importancia que el Primer Ministro Byniamin Netanyau le da al simbolismo que Israel sea reconocido por los palestinos como un Estado judío.

La extrema izquierda israelí, a través del presidente del partido Meretz, al hablar ante el comité nacional de su pertenencia, hizo hincapié en el carácter democrático de Israel, sobre su naturaleza judía. El lobby judío norteamericano J´Street a favor de la creación de dos estados, también de izquierda, se pronunció a favor de que Israel no socave las negociaciones de paz al plantear ese requisito, pero sin equidad alguna, no recomendó a los palestinos que cedieran a algunas de sus exigencias.

Cabe señalar que una encuesta de febrero, hecha por el Instituto Israelí de Democracia y la Universidad de Tel Aviv, reveló que el 77% de los israelíes creen que el reconocimiento del Estado judío, es crucial. Sin embargo, como si fuera un quinta columna, Peres se alinea con John Kerry quien afirmó que la demanda de Israel para ser reconocido como un Estado judío por la Autoridad Nacional Palestina, es un error”.

Quien se solaza con las declaraciones de los recién nombrados es Mahmoud Abbas quien se muestra inflexible en su negativa a reconocer a Israel como Estado Judío. El rechazo palestino del Estado judío de Israel, tal como se lo reconoció en la declaración de su Independencia en 1948, en la histórica alocución al mundo por parte del mítico David Ben Gurión, conlleva la pretensión de conseguir el retorno de los refugiados árabes que huyeron de Israel a instancias de sus dirigentes, quienes al desencadenar la guerra contra el flamante Estado, les prometieron que volverían una vez que los judíos fuesen eliminados. La idea embozada de Abbas, es inundar Israel de árabes “refugiados” para reducir a los judíos a una minoría en su propio país. Una certificación de la negativa de los palestinos a alcanzar la declamada paz con Israel, la proporcionó un alto funcionario de la ANP, estrechamente ligado a Abbas, quien dijo en la televisión palestina que los israelíes son un “instrumento avanzado del mal” y agregó que “Alá los reunirá de manera que podamos matarlos”.

Desde hace años, la Autoridad Nacional Palestina, viene exacerbando una insidiosa campaña de revisión histórica, que veleidosa y torpemente, pretende suprimir y negar más de 3000 años de historia judía en Israel y Jerusalén, que se remonta al año 990 AEC cuando el Rey David la proclamó la capital de su reino.No obstante la enorme profusión de datos históricos, arqueológicos y religiosos, que demuestran inequívocamente la ligazón milenaria de los judíos con Jerusalén, los palestinos, maestros en el arte de la distorsión y la mentira, pretender negar esos hechos y escribir su propia y disparatada versión de la historia.

Israel no necesita ser reconocido como un Estado judío por los palestinos, ni la Liga Árabe que acaba de rechazar de plano la pretensión hebrea, y mucho menos por el régimen teocrático de Irán, porque tácitamente lo es. Para los islamistas, los judíos y los cristianos son dhimmi (del árabe al-dhimma). De acuerdo a lo establecido por la Sharia, la ley coránica, se trata de ciudadanos de una posición social inferior, a los que se tolera a cambio del pago de ciertos impuestos como el de capitación yizia y sobre la tierra jaray. Los tributos compulsivos cesan cuando los contribuyentes se convierten a la única religión “verdadera”: El Islam.

Los palestinos que pretenden crear su Estado con Jerusalén este como Capital, exigen que liberen a la totalidad de los terroristas que han cometido crímenes abyectos y están encarcelados en prisiones israelíes donde gozan de prerrogativas y comodidades que no existen en ningún país islámico. Reclaman el cese de construcciones en regiones en disputa como Judea y Samaria e inclusive en territorio soberano de Israel. Abogan por el derecho al retorno de varias generaciones de refugiados. Quieren obligar a Israel a que vuelva a las indefendibles fronteras anteriores a 1967. Asimismo sostienen que el eventual acuerdo que se pueda obtener antes que venza el plazo establecido de nueve meses, no es vinculante y no los inhabilita para recurrir a la ONU, siempre dispuesta contra Israel, para ser reconocida Palestina como Estado.

Pero en una clara evidencia que el conflicto no es territorial, sino religioso, los palestinos se niegan a reconocer el carácter irrefutable judío de Israel, el minúsculo país, que es la única democracia real que existe en Medio Oriente y que anhelan algún día destruir.

Rubén Kaplan
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