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Psic. Fabián Schamis Fursztein | Conocer más

Es Licenciado en Psicología de la Universidad de la República.
Cuenta con más de 15 años de experiencia dirigiendo Organizaciones Comunitarias en España, Brasil y Uruguay.
Actualmente se desempeña como Director de CIPEMU y consultor para Empresas y Organizaciones de diverso porte.
Está casado y tiene un hijo, que lo comparten con su amor por la música (es guitarrista), su creencia en que lo único permanente es el cambio y que el mismo se puede dar solo a través de la educación y de los jóvenes.

11 de diciembre de 2013

Papa Noel; Januca Harry y otros mitos

“El primero lo conozco, pero el segundo ni idea…” debe ser lo primero que venga a la cabeza del lector.

Papa Noel; Januca Harry y otros mitos
“El primero lo conozco, pero el segundo ni idea…” debe ser lo primero que venga a la cabeza del lector.
Lamentamos informar, pero si bien uno tiene un mejor asesor de imagen e historia más nutrida, ambos son funcionales al mismo objetivo: intentar recompensar al niño desde lo material por el tiempo y la dedicación no brindada durante 364 días del año.
Este comienzo puede ser un tanto duro, pero capaz moviliza hacia un formato más sano del uso de figuras compensatorias y sirva de guía para los meses que se avecinan (ya sea que este artículo sea leído antes o después de las tradicionales fiestas y meses de verano).
Tampoco importa si NADIE conoce al segundo personaje nombrado ya que es apenas una ficción supletoria del primero desde otro paradigma religioso. Por eso dejaremos a ambos de lado y nos centraremos en lo que interesa: ¿Qué hacer con los niños en el periodo estival (que muchas veces coincide con la posibilidad de dedicar más tiempo a estar con ellos) y como tratar con estos mitos instalados en nuestra sociedad?
Las figuras de Papa Noel, Januca Harry y demás, surgen por diferentes razones a lo largo de la historia, y sin embargo están emparentadas por el hecho de “hacerse presentes” en momentos que, más allá que inicialmente fueron creados en el hemisferio norte, corresponden a espacios temporales centrados en la familia, el tiempo compartido (no los ofrecidos hacia el comienzo de los noventas…), y la simbolización de los más altos valores.
Los padres que no tuvimos (o no nos hicimos) tiempo en todo el año, tenemos la oportunidad (en general ilusoria) a través de un personaje imaginario, de compensar y dar a los hijos a través de lo material y lo simbólico, al menos parte de esa atención.
Antes que alguien rasgue esta hoja al grito de: “yo presto atención a mis hijos y Papa Noel es un día especial en que toda la familia se junta a compartir el espíritu de la navidad”, cabe aclarar que la idea no es juzgar bajo ningún formato el uso y cabida que cada familia da a estos personajes.
En definitiva, como introducción podemos decir que está todo bien con ellos, pero no alcanza. Y no porque los niños sean parásitos energéticos que siempre precisan más tiempo y dedicación que la que los adultos son capaces, sino porque –como todo lo que perdura- requieren atención sostenida, basada en un vínculo real, estable y capaz de alimentar a las partes que lo conforman.
Ahora una de las preguntas del millón: ¿durante todo el año cumplimos una rutina y nos atuvimos a una estructura…¿qué vamos a hacer ahora en estos meses que esa estructura se desvanece? ¿Cómo “llenamos” 24 horas de vida de nuestros hijos? O lo más cercano…”Y ahora... ¿quién podrá defendernos?
Lejos de que el Chapulín Colorado venga a cumplir este rol, los padres precisamos entender que nadie mejor que nosotros para ocupar espacios que por las más diversas razones no son ocupados durante los demás meses. Primero lo primero: no es aconsejable suplantar una estructura por otra por el solo hecho de “brindar” un bastón de donde asirse a los chicos. En cambio, cabe plantearse el cómo, cuándo y dónde generar un formato más laxo que el habitual -sin por esto caer en la anarquía- que permita que los niños desarrollen todas las habilidades que pueden actualizar en los meses de verano (ahora sí, ya situados en nuestro hemisferio), en el cual los padres seamos actores principales y no de reparto.
Este formato veraniego debe flexibilizar el manejo del tiempo y dotar de contacto directo y fluido el vínculo entre padres e hijos.
¿Quiere esto decir que “el plan” es estar pegoteados todo el día? De ninguna forma, seguramente esas nuevas actividades que tienen lugar en estos meses incluyan amigos, clubes, playas, piscinas, campamentos y otras tantas opciones, y la propuesta es que los padres participen de dicho plan, no desde el escritorio sino desde un rol activo y vital.
Niños y padres se verán beneficiados de tener un intercambio más natural, un tanto menos reglado, y lábil a los cambios de última hora, en definitiva, mas espontaneo.
Ahora que nos abocamos a compartir más y mejor con los niños, surge un nuevo dilema: ¿A que jugamos? ¿Qué les divierte?
No es este el espacio de hacer una lista de juegos y actividades posibles entre hijos y padres ya que seguramente con un primer ejercicio de parte de estos últimos y un dialogo genuino con los chicos, se podrá llegar a feliz término respecto a cuales con esos juegos que desarrollaran las potencialidades de los niños desde un objetivo lúdico.
Pero si es espacio para remarcar algunos detalles que a veces pasan inadvertidos para los padres: los niños tienen una forma característica del pensamiento que difiere por completo del pensamiento adulto, y por lo tanto los juegos deben ser adaptativos a ese tipo de pensamiento.
En algún momento, quien así lo desee, puede acercarse a la obra de Jean Piaget o Vygotsky y allí encontrar abundantes referencias a las características teóricas y empíricas del pensamiento infantil, pero tal vez lo más importante para quien no está interesado en aprender psicología sino en pasar unas lindas vacaciones junto a su familia, pase por saber que el niño basa su lógica en lo que el mismo percibe y en interpretaciones que muchas veces –por no decir siempre- no son compatibles con la lógica del adulto. El niño tiene un pensamiento centrista y el centro es el (no porque sea egoísta, sino porque así piensan los niños y sobre todo así pensaron también los padres cuando eran niños). El niño es extremadamente creativo y adjudica valor simbólico a los elementos de manera que sean funcionales a su imaginación (cuantas veces un padre utiliza valiosos minutos de juego para explicarle a su hijo que una espada en realidad es de otro material, tiene otra forma, otra textura que ese palo de madera que él o ella eligieron para “hacer de”, y así y todo el niño seguirá usando ese palo para simbolizar la espada…). Esto es porque el niño imagina y crea un mundo de fantasía que responde a sus imágenes mentales y deseos, aunque estos no coinciden con el mundo lógico adulto.
Ante este perturbador panorama de enfrentar individuos que tienen una lógica propia, que no entienden de apuros y necesidades externas, llega el bálsamo y respuesta del que y el como: esta viene dada por algunos pasos que no se pueden soslayar como ser justamente el primeramente escuchar y observar la propuesta lúdica que el niño nos ofrece. Luego de esto, lo mejor es entregarse a “jugar”, sin prejuicios ni limitaciones sociales como el miedo al ridículo, y de esta forma, tener espacios para compartir juntos, en la fantasía, en la creatividad y en definitiva, en el mundo infantil que tanto tiene para enseñar al mundo adulto.
Volviendo al comienzo, ¿Qué hacemos entonces con Papa Noel; Harry, los Reyes Magos y otros? ¿Decir a los niños que estos no existen? ¿Liquidar la ilusión de un plumazo? ¡De ninguna forma! Si durante años se abonaron estas invenciones, no se debe cometer un error para subsanarlo, sino tatar de interpretar ¿qué es lo que trasunta simbólicamente una carta de un niño a Papa Noel, que están pidiendo en realidad? Cada navidad, cada verano, cada oportunidad debería ser aprovechada por los padres para estrechar el vínculo con los hijos, sin obturar la creatividad y la imaginación sino alentándola, estimulándola, viéndola como un fin en sí mismo.
Podemos ver el verano como la época en la que se producen más separaciones y divorcios ya que –por lo general, ya que es claro que hay grupos familiares en los que el verano es solo un periodo en el que solo hace más calor, pero las demás variables no cambian- las familias “están obligadas” a convivir y compartir espacio y tiempo; o podemos ver esta parte del año como una oportunidad para vigorizar vínculos, estrechar lazos familiares y balancear el manejo de tiempo que tenemos el resto del año. Va en cada familia.

Psic. Fabian Schamis
fabian@fabianschamis.com


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