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Psic. Fabián Schamis Fursztein | Conocer más

Es Licenciado en Psicología de la Universidad de la República.
Cuenta con más de 15 años de experiencia dirigiendo Organizaciones Comunitarias en España, Brasil y Uruguay.
Actualmente se desempeña como Director de CIPEMU y consultor para Empresas y Organizaciones de diverso porte.
Está casado y tiene un hijo, que lo comparten con su amor por la música (es guitarrista), su creencia en que lo único permanente es el cambio y que el mismo se puede dar solo a través de la educación y de los jóvenes.

15 de noviembre de 2013

Tratando de aprender Hiperrealidad (TDAH)

¿Pero cómo? No es que el TDAH es el Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad?

Pues ambas interpretaciones son válidas para esta sigla.
El Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad es un diagnostico muy común y extendido tanto en el área educacional, como en la psicológica y mismo entre los padres que ante la primer señal de que el niño no rinde como ellos o sus maestros esperan, comienzan a bucear en internet buscando señales y posibles explicaciones para dicha situación.
Es interesante manejar al menos un concepto que no sea tan común en nuestro lenguaje: la hiperrealidad (no se preocupen que luego se relacionara con el TDAH).
La Hiperrealidad es un concepto muy simple desarrollado por Rafael Bayce y que refiere al aumento desproporcionado de la realidad, el cual termina marcando agendas del más diverso índole como política, economía, salud, educación, entre otras. ¿A que se refiere Bayce en términos básicos? Si uno ve y/o escucha cuarenta minutos sobre una hora de informativo tratando sobre temas relacionados con la inseguridad, ese tema se instala en el inconciente colectivo y como tal se manifiesta posteriormente en acciones y pensamientos de la masa social. ¿Quiere decir que el tema no existe y es un invento perverso de una mente iluminada que con bajos propósitos genera esto? La respuesta es un contundente NO. Los hechos relatados (habitualmente) existen, no han sido generados por el medio de comunicación; sin embargo, su jerarquización y priorización ante otro tipo de información, SI depende –en definitiva- de seres humanos que en base a desconocimiento o conocimiento e intencionalidad, deciden instalar determinados temas en “Juan Pueblo” porque consideran que en definitiva esto redundara en un beneficio (de algún tipo) en su favor.
Con respecto al Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad es positivo realizar algunas puntualizaciones que pueden ayudar a guiar a los padres hacia terrenos menos trillados pero probablemente más válidos para encontrar respuesta a sus inquietudes y a lo que sea le esté pasando a sus hijos.
Primer aclaración importante para que nadie se ofenda: este artículo no pretende bajo ningún concepto negar la existencia del TDAH ya que quien suscribe considera que dicho Trastorno (o al menos el conjunto de características agrupadas bajo esta sigla) existe y caso sea bien diagnosticado, debe ser tratado con una batería de medidas multidisciplinarias adecuadas que disminuyen -en gran medida con éxito- las manifestaciones del mismo.
Segunda aclaración: quien suscribe efectivamente considera que el TDAH está profusamente extendido, mucho más allá del real alcance del mismo. O sea, pasado a menudos, hay muchos más casos diagnosticados de TDAH que niños que lo padezcan en realidad.
Tercera aclaración: no implica esto que esos niños “no tienen nada y están actuando para llamar la atención”. Por el contrario, este tipo de comportamiento debería llevarnos a cuestionar dichas actitudes como por ejemplo: ¿si un adulto estuviera sentado nueve horas en la Escuela a corta edad, no tendría actitudes que podrían ser interpretadas como desconcentraciones o actividad kinetica aumentada? ¿si los padres no prestan atención a sus hijos por motivos de agenda en el correr del dia, no seria comprensible que el niño pierda concentración fácilmente por carencia de atención fraternal? Si un niño pasa gran parte de su dia frente a una computadora, Tablet o televisor y sabiendo que estos artilugios hiperestimulan el sistema nervioso a través de colores y sonidos aumentados, no podemos comprender que esa sobrecarga precise una descarga motora? ¿Si por el contrario en lugar del niño estar frente a un aparato electrónico, la opción de los padres es sumar a las horas de colegio otras tantas de ballet, violin, mandarin o esperanto, no es coherente que el pequeño precise distención?
¿Por donde va entonces este articulo? El mismo se basa en la consideración que, por consideración justamente y valga la redundancia, los padres tienen derecho a poseer mayor información sobre lo que es un Trastorno por Déficit Atencional con Hiperactividad y buscar explicaciones a cadenas de conductas en diferentes escenarios y no caer en el facilismo de hacer de una gota un océano o peor aún, confundir un gato con un tigre.
Información inicial básica:
Los trastornos de aprendizaje son comúnmente separados en base a una taxonomía muy simple pero efectiva: primarios y secundarios. Los primarios son aquellos en los que no subyace a ningún otro motivo (enfermedad, anomalía biológica, etc.) que justifique dicha dificultad. Por su parte los secundarios efectivamente subyacen a un motivo mayor que a su vez es explicación de ese trastorno de aprendizaje. Para aclarar esto vale la pena un chiste que juega en los límites de lo cartesiano, el silogismo y la realidad:
Un científico toma una araña y le corta una pata. Observa su comportamiento alentándola y gritándole para que se desplace y anota en su cuaderno: “la araña con siete patas no manifiesta mayores dificultades en su desplazamiento”. A continuación le corta una segunda pata manteniendo inalterable su aliento y escribe: “la araña con seis patas se desplaza más lentamente pero aun logra todos sus objetivos de desplazamiento”. Así sigue cortando una a una las patas de la araña mientras le grita para que se desplace hasta que llega a que le quede una sola pata y anota: “la araña con una sola pata apenas se desplaza con dificultad, se arrastra”. Para finalizar el experimento, le corta la última pata, grita y corea su nombre, y con una enorme sonrisa y satisfacción por la labor realizada anota como conclusión en su cuaderno de observaciones: “al cortar las ocho patas de la araña, esta se queda sorda”.
Más allá de lo gracioso del chiste, la triste realidad: es más fácil diagnosticar y que un padre pueda entender que su hijo/a tiene un TDAH a poder comprender que este Déficit se debe en realidad a un problema psicológico, o que el niño es molestado en clase, o las más diversas razones que pueden provocar una falta de atención en el aula. Y lo mismo corre para la hiperactividad, es fácil entender que un niño que se aburre, que no puede seguir una clase, que pierde focalización, se comporte de una forma que pueda ser interpretada como hiperactividad. En realidad, el TDAH así como cualquier Trastorno de Aprendizaje (dislexia, dislalia, etc.) debe ser diagnosticado luego de descartar que el mismo sea consecuencia de otra condición del sujeto. Nuevamente ejemplos que pueden aclarar el panorama en parte: ¿con qué derecho le vamos a negar a una persona que sufrió un grave accidente de auto, que tenga miedo al volver a subir a uno? ¿Con que derecho le vamos a pedir a un ciego que nos explique la diferencia entre el celeste y el azul claro sin aceptar que –como mínimo- le cueste más que a alguien que no tiene afectada su visión?
Así de grueso hay que cortar para que los padres hagan carne que no necesariamente un comportamiento de falta de atención con o sin hiperactividad implica el diagnostico de TDAH o TDA. Por lo tanto cabe recomendar que ante la inquietud (siempre valida de los padres y luego de haber agotado los recursos intrafamiliares como apostar al dialogo con el niño, buscar diferentes razones que produzcan stress como una mudanza o el nacimiento de un hermano/a entre otros) consulten un profesional no solamente especializado en el área infantil, sino especializado en en este tipo de Trastornos.
Como se expuso al principio, el TDAH (o el conjunto de características agrupadas bajo esta sigla) existe y es un problema, pero la extensión depende más de otras variables. Al fin y al cabo, es más fácil prescribir ritalina a un niño (sin tomar en cuenta que como toda medicación tiene efectos secundarios no deseables) que analizar pieza por pieza y vincularmente como funciona la familia de ese menor. Es más fácil suministrar una pastilla que seguir todos los pasos que hay que seguir para el diagnóstico preciso del niño. Se juega en esto un funcionamiento comprensible pero no por ello correcto: encontrar un chivo expiatorio puede implicar una sensación de sanidad al entorno familiar y por lo tanto, un alivio para el resto de los componentes de ese grupo (lo cual ya fue muy bien explicado por Pichón Riviere). A la vez, el paradigma social nos empuja a buscar “la pastillita que solucione el problema” en lugar de meternos en un proceso que como mínimo debería pasar por médicos que descarten problemas de índole biológico, psicólogos que analicen el caso y descarten otras justificaciones para determinadas conductas y luego de todo ello recién, pensar que puede existir un Trastorno Primario de Aprendizaje (incluido el TDAH).
Volviendo al comienzo, el porcentaje de niños diagnosticados en la región con TDAH es hiperreal, buena parte de ellos son pasibles de otro tipo de estudios y explicaciones para su situación particular y pensar que medicar un niño es la mejor solución para las alteraciones de una familia, es tapar el sol con la mano. Una maestra -que por lo general también arrastra sus preocupaciones cuando se enfrenta a la clase y tiene menos paciencia que años atrás ya sea por el multiempleo o diferentes razones que llevan a que en algunas oportunidades sea pasible de tener menor tolerancia a las conductas de los chicos y recomiende a los padres consultar por las mismas- debe hacer el ejercicio de pensar cada situación profundamente para auxiliar a los padres en forma proactiva y positiva. Inclusive podemos sorprendernos con el hecho que cambiar la rutina familiar puede ser la solución que tanto estamos buscando para el comportamiento no deseado.
Cuidar los hijos implica buscar las respuestas más cercanas a una explicación y no aquellas que por accesibilidad, velocidad en tapar el síntoma u otros motivos son más fáciles de metabolizar.

Fabián Schamis
Psicólogo
fabian@fabianschamis.com


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