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20 de marzo de 2011

Soy yo abuelo

Por J.R.

Soy yo abuelo
Así, es, Abuelo. Soy yo. Vine a visitar tu tumba, aquí, en Har Hamenujot. "Fue difícil encontrar el camino hasta tu sepultura.

Fue tan tortuoso que incluso me pareció que para llegar a ella me era necesario pasar por Egipto, Babilonia, Roma, España, Varsovia, Brooklyn y Long Island, todo para llegar hasta tu último lugar de reposo...

"Y allí, Abuelo, en Long Island, no comprendí por que pediste ser enterrado precisamente aquí, en las cercanías de Jerusalem. Ahora, la cosa me resulta más clara. Hoy creo que he comenzado a comprender...

"Y en general, hoy tú te encuentras mucho más cercano a mi corazón que entonces... Recuerdo tu visita semanal de los domingos a nuestra casa, en Long Island. Entonces irrumpiste dentro del marco de vida de una casa judía de clase media. Tan extraño fuiste tú en tu presencia, ajeno a los sucesos de nuestras vidas tan exactamente tejidas de acuerdo a la vida moderna. Ajeno a los códigos de nuestra casa, a aquel estilo de vida, aquella forma de hablar, aquella comida, y a todo lo demás. Súbitamente apareciste de quién sabe dónde -como algo expuesto en un museo de hace doscientos años-, un prototipo antiguo, con una barba blanca larga...

"Abuelo, créeme. Hice honestos esfuerzos para quererte durante aquellas visitas tuyas. Con sinceridad y humildad quise demostrarte respeto, a pesar de tus costumbres tan extrañas, a pesar de tu idioma que me hacía reír (un poco de Idish alternando con el antiguo hebreo) e incluso a pesar de tus ollas, las que sólo tu usabas para tus comidas, y tu constante balbuceo, al que llaman Tefilá, o quién sabe cómo.

"Quise apreciarte, pero tú entiendes, era difícil. A decir verdad, Abuelo, ¡Ante mis ojos eras el progenitor y prototipo del fracaso! ¿A qué llegaste en tu vida? ¿En qué obtuviste éxito? ¿En qué dimensión resaltaste? No tenías un título académico, jamás te dedicaste a algo científico, no tenías una casa de lujo, ni muebles ostentosos, y ni qué hablar de un lujoso automóvil. Nada de todo lo que simboliza el éxito en nuestra vida, jamás, has adquirido...

"No me estoy excusando por haberte juzgado así entonces... no tenía opción. El código de valores que se me hizo adquirir no me permitían otros ejemplos de criterio y medición para valorar lo que tú eras. Sin duda debería haber pensado de otra manera, lo sé... pero ello exige tiempo, para unos menos y para otros más...

"Sin duda, tú hubieras querido preguntarme, entonces, ¿cómo, a fin de cuentas, llegué a ti, a pararme ante tu lápida? En realidad, Abuelo, la culpa la tiene mi amiga Cristina. Quizás conviene que sea más preciso. Llegué aquí a causa de tu hijo y su mujer - mis padres- quienes no lograron, de ninguna manera, encontrar las palabras correctas para convencerme de que no me case con esta compañera mía.

"Eran aquellos, por cierto, diálogos extraños. Mis padres, pronunciaban frases que no les pertenecían. Todo argumento que exponían, se convertía en una frase religiosa de extraña resonancia al salir de sus bocas.

Empecé a sorprenderme de mis padres ateos, liberales y laicos en sus ideologías, hijos del siglo XX. ¿Qué les molestó, por todos los demonios, en el hecho de que yo quisiera casarme con aquella muchacha?"

"Sus argumentos, Abuelo, no eran demasiado sabios. Era muy fácil refutárselos. Pero sus esfuerzos, Abuelo, es lo que por un lado me conquistó, y por el otro inició en mi una revuelta.

"¿Sabes, Abuelo? También en tu nombre me imploraron que no me case con aquella mujer. Ello me hizo reír. En serio. ¡En qué circunstancias decidieron acordarse de ti y aferrarse a ti. A ti, que hasta ese momento se burlaron de ti y de todo lo que representabas...

"Bueno, Abuelo. No me extenderé contándote lo que se desató entre tu hijo y tu nieto en aquellos días, pero aquella discusión con mis padres me llevó a una decisión curiosa. Dedicar cierto tiempo al análisis de todo el tema. Me refiero al judaísmo. Tu entiendes. Saber, al menos, cuál es el verdadero valor de aquellos 3500 años que yo me dispongo a arrojar detrás de mí.

"Solo analizar, se sobreentiende, así de simple, de un modo que nada me obligue. Solo un interés intelectual... ¿Comprendes a qué me refiero, Abuelo?"

"Los días de análisis fueron más duros de que podía soportar. Me parecía que estaba sucediendo algo extraño. En especial cuando me puse los Tefilín, aquellas cajas negras, una sobre el brazo y la otra sobre la cabeza, con las largas correas...

"Pero lo que sucedió fue que las esquirlas del pensamiento juvenil, y las disonancias de acciones efímeras e intrascendentes, comenzaron a acercarse unas a otras, a solidificarse, a convertirse en algo más perfecto...

"Poco a poco me fui habituando a las palabras arameas del Talmud, y el estudio del tema comenzó a extenderse ante mí, a revelarse adelante mío en su composición maravillosa y perfecta...

"Abuelo, te diré una cosa. Tu nieto, quien estudió física y matemáticas en la Universidad de Columbia... esas ciencias tienen dimensiones de lógica recta, pero, con qué palabras he de decírtelo, aquí, en el Talmud, hay algo sutil que tortura a la lógica que simultáneamente es palpable, sorprendentemente palpable...

"Y no se trata solo del conocimiento que he adquirido... lo más importante es la nueva gente que he encontrado, la comunidad en cuyo seno me encontré. Ellos sabían atrapar la esencia de un pensamiento cualquiera, apartarla de su nexo temático, colocarla sobre la mesa del Shabat y hacerte partícipe del análisis de la misma... Este pensamiento podía verse a trasluz del vino del Kidush...

"Esto es todo, Abuelo. Ahora estoy aquí, junto a ti. Ojalá hubiéramos podido charlar, algo que jamás hemos hecho en el pasado. Tú entiendes, hoy tengo mucho para preguntarte, hoy también estoy interesado en las respuestas que está en tus posibilidades brindarme...

"Compréndeme correctamente, Abuelo... No soy ningún Tzadik grande, ni nada que se le parezca... mas, cuando estábamos en el Beit Hamidrash y estudiábamos, eso me dejó boquiabierto súbitamente... con "eso", pretendo decir el hecho de la más eficaz maquinaria del tiempo. Si Maimónides hubiera ingresado de repente en aquel instante, se hubiera sentado entre nosotros, podría haber continuado con nosotros partiendo desde el punto de discusión dónde habíamos interrumpido...

"Un hombre de Jerusalem me dijo ayer que te había conocido todavía en Europa. Y me dijo además, 'tu abuelo fue un Talmid Jajám, un erudito versado en la Torá'.

"Yo no sabía nada acerca de ello, eso hoy me carcome... un dolor algo irrisorio... cómo fue que jamás dialogamos... y hoy, de repente, tengo tanto para contarte, tanto... "También te contaría cosas buenas de tu hijo -mi padre-. De él y de mamá. Sin duda clamó tu corazón por el estilo de vida de ellos, tan distante de la vida judía, pero sabe, Abuelo, que a pesar de su deseo de ser iguales a todos, a pesar de las presiones duras que impone el sustento, lo que alteró el sustento, lo que alteró rotundamente el rostro espiritual de mis padres, ellos quisieron con todas sus fuerzas que sus nietos continúen siendo judíos... y papá se graduó en la Universidad de Columbia, y mamá logró su título en la universidad de Brandard. "Ilustrados, hombres del Siglo XX, modernos.... y con todo, judíos.

"Eso es algo, Abuelo...
"Y hay más. ¿Hubieras creído que en aquellas oportunidades en que quise escapar, y no por haber llegado a la conclusión de que no hay verdad en el judaísmo, sino todo lo contrario, por haberme dado cuenta, por haberme convencido que es ahí precisamente donde está la verdad, en el judaísmo, es por eso que quise huir... ¿Hubieras creído que tu hijo y su mujer fueron los que me apremiaron para que siguiese en la Ieshivá? Ellos fortalecieron mis manos para continuar la lucha, para pelear y mantenernos en pie -declarando al mismo tiempo su dolor por no haber tenido la oportunidad brillante que a mi sí que me fue concedida. ¿Lo hubieras creído? Y te lo cuento para declarar en tus oídos...

"Que no has fracasado.
"Que algo de aquel algo, una chispa, me han transmitido a mí...
"Y otra cosa más, Abuelo. Antes de venir a Eretz Israel viajé al barrio en el que tú viviste. Regresé al East Side. Incluso fui a la vieja Sinagoga a la que solíamos ir -en automóvil- en Rosh Hashaná para desearte un buen año...

"Fue aquella una visita estremecedora. Con los ojos de mi espíritu vi las gigantescas almas que moran en el sagrado recinto, e incluso vi un imaginario coro que entona el 'Kadish'...

"El mundo exterior, Abuelo, me atrajo más. Los manjares que él prepara para quien los quiera, llaman más. Es imposible permanecer frío a la seducción, y más difícil aún resulta ser distinto, no ser como todos, sentirse extraño a lo que sucede alrededor...

"¿Te das cuenta, Abuelo, la guerra que se ha desatado en mi interior? Hay enfrentamientos en los que salgo vencedor, en otros soy vencido. Pero en el último tiempo cada vez me resulta más clara la dirección de esa feroz lucha de gigantes que hay en mi corazón...

"Entonces, cuando estuve parado dentro de aquella sinagoga del East Side me di cuenta que la congregación de almas inmortales dice el 'Kadish' por aquella sociedad religiosa de esplendor que desparece tan rápidamente... "Hoy... ya no estoy tan seguro de ello... porque de repente se abrió una brecha en el dialecto de la lógica y se silenció en mi cerebro, en tanto que las voces de mi compañeros de Ieshivá al decir el "Shemá Israel..." y orar, y los niños que acompañaban a la mesa del Shabat, todos, absolutamente todos, brillaban con un intenso resplandor de santidad que no pertenece a este mundo, increíble...

"Fue de repente. Las callejuelas de la historia se colmaron de luz y adquirieron significancia contemporánea y actual...

"Fue entonces cuando comprendí que aquel 'Kadish' de gigantes era entonado en honor a Nietzche! El está muerto, y D-os... D-os está vivo, vivo, existente y de supremo dominio por sobre todas las cosas...

"Algo, Abuelo, algo resuena de la paz de esta lápida, la tuya, en la Tierra Santa...
"Monte de Jerusalem...

"Abuelo. El año pasado todavía no sabía leer las letras grabadas sobre tu lápida...

"Hoy, sí puedo, hoy sé; es tu nombre: 'Iaacov'. "Allí, en el lugar que nací, los hombres no lloran. Es muestra de demasiada debilidad. Pero, si es así, ¿por qué se mojan mis pupilas? Quizás esto sea más griego que judío... pero ya te conté que aún no he vencido en todos los frentes...

"Ten paz, Abuelo, ahora debo irme. "Más antes de irme, quiero prometerte algo. "Si he de continuar en mi nuevo camino en sentido ascendente, -y así espero y me deseo- pues a mi hijo, el nieto de mis padres por el cual tanto ellos se han preocupado... lo llamaré 'Iaacov', como tu nombre. "Y quizás también él sea privilegiado en ser un Talmid Jajám...

"Como tú, Abuelo..."

Fuente: Revista Kesher


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