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17 de octubre de 2016

¿Cuándo sentimos que realmente hemos tenido suficiente?

por Riva Pomerantz

El postre favorito de mi hijo son los pastelitos de chocolate con menta. Como un niño de tres años con un apetito voraz, puede devorarse 15 pastelitos en una sentada. Pero después de comer dos, yo me meto gentilmente y retiro el plato de la mesa, diciéndole: “Has comido suficiente”. Pero en su mente, eso no es verdad; podría fácilmente comer diez más. En realidad, posiblemente podría consumir la bandeja entera sin sentir que ha tenido “suficiente”. ¿Por qué?

Porque “suficiente” es una palabra engañosa. “Suficiente ropa”, “Suficiente dinero”, “Suficiente chocolate” – sin importar cuánto tengamos, siempre queremos más.

Hay una razón por la cual el concepto de 'suficiente' es tan evasivo. Dios nos creó con la insatisfacción tejida en nuestra propia naturaleza. Porque apenas nos tornamos complacientes, apenas sentimos que “llegamos”, entonces, no avanzamos más. Y por lo tanto, no tener la posibilidad de estar satisfechos, de sentir que es “suficiente”, es parte del Plan Maestro – cuando es utilizado para motivarnos a hacer más, a ser más, y a apuntar más alto.

Tratar de llenar nuestro vacío con cualquier cosa que no sea espiritualidad es como tratar de taponar un agujero redondo con un corcho cuadrado.

Pero cuando caemos en la trampa de los “suficiente” materiales, nos arriesgamos a deprimirnos, a ser celosos, y somos absorbidos por el ajetreo abismal de tratar de sentirnos “llenos” cuando en realidad estamos corriendo hacia el vacío. Dios no pretende que nos saciemos con una pareja o con un trabajo perfecto, con un collar o con sandalias. Por lo tanto, tratar de llenar nuestro vacío con cualquier cosa que no sea espiritualidad es como tratar de taponar un agujero redondo con un corcho cuadrado. Pero es mucho más fácil tratar de llenar el vacío con otro par de zapatos que haciendo actos de bondad o leyendo la porción semanal de Torá.

La tragedia de 'suficiente' es que nunca es suficiente. Yo siento esto agudamente cuando voy de compras y hasta cuando hojeo un catálogo. Mi materialismo está en conflicto directo con mi espiritualidad. Es mi yo corpóreo que llora por más y más, mientras mi alma -una voz pequeña- dice: “Nada más de lo que compres, comas o te permitas te hará sentir verdaderamente feliz. Sólo apreciar lo que tienes y cumplir con la voluntad de Dios te asegurará serenidad y felicidad”.

Interesantemente, es la forma en la que percibimos al Sr. Suficiente la que determina si es verdaderamente alcanzable o si es meramente un charlatán que nos mantiene hambrientos por más. Al mirar la palabra hebrea para “suficiente” -maspik- podemos ver que son las mismas letras que forman safek– la palabra hebrea para “duda”. Puede que allí esté la clave. Si la persona mira más allá de lo que tiene y se enfoca en lo que “necesita”, entonces dudosamente tendrá suficiente, de hecho, ella atraerá sobre sí misma la maldición de los “suficientes” sin fin. Pero si esa misma persona buscando “suficiente” es feliz con lo que tiene, entonces pasará por un lado a todas las dudas y sentirá que lo que tiene es realmente suficiente. Todo depende de la perspectiva del observador.

Nuestra sociedad orientada al consumo ciertamente quiere que caigamos en el fenómeno de “nunca es suficiente”. Esto es especialmente evidente en una gran cadena de tiendas departamentales de la que soy clienta asidua. Los pasillos exhiben imágenes con colores estridentes colgando del techo sobre el departamento de ropa y accesorios femeninos. Cada inmenso cartel contiene una de dos palabras: Necesitar y Querer. Debajo de las palabras hay mujeres sonrientes luciendo joyas, chalecos, bufandas, etc. La implicancia global es obvia: lo que sea que tienes no es suficiente, necesitas/quieres más.

Una hermosa historia que escuché esta semana ilustra este punto.
Un hombre en Jerusalem decide ser el anfitrión de una comida especial conocida como Seudat Hodayá, una Celebración de Gracias, para ofrecer su gratitud a Dios por haber sobrevivido una experiencia traumática. Mientras iba al salón en donde se realizaría la comida, pasó por una caseta de lotería y sus ojos se elevaron.

¡Ajá! Pensó. Hoy voy a hacer una celebración especial en la que le agradezco a Dios por su bondad infinita. Es de suponer que hoy es un día afortunado para mí. Posiblemente debería comprar un billete de lotería.

Rápidamente compró un billete de lotería y raspó el papel ansiosamente.
Y… ganó.

Dos shekels, el costo del billete.
Bueno, pensó, al menos gané algo.
El año siguiente, en el aniversario de buena fortuna, decidió nuevamente comprar un billete de lotería, siguiendo la lógica del año anterior concerniente al día supuestamente prodigioso. De nuevo, raspó el billete de lotería que premia con un millón de shekels.
Y… ¡ganó!

Dos shekels, el costo del billete.
Esta vez, no pudo simplemente encogerse de hombros y olvidarse del incidente. Parecía tan extraño que las dos veces, en su día de buena fortuna, haya ganado, pero sólo para recuperar sus dos shekels. Fue a visitar a un gran sabio de Torá para pedirle alguna explicación sobre el tema.

El sabio le dijo: “Posiblemente Dios está demostrándote que tienes suficiente. No necesitas más dinero. En realidad, lo único que te faltaba cuando compraste los billetes fueron los dos shekels que utilizaste para pagarlos y Dios se aseguró de que el dinero te llegara de vuelta. Tienes todo lo que necesitas, tienes suficiente”.

El final fue drásticamente distinto de lo que yo esperaba. Estaba segura de que el hombre hubiera ganado el millón de shekels, y de que todo estaría bien con el mundo. En cambio, este hombre en Jerusalem recibió un final verdaderamente “y vivieron felices para siempre” – recibió el regalo de “suficiente”.

Por supuesto, como todo en la vida, hay un balance delicado. Recortar todas las compras y las oportunidades financieramente lucrativas sería, obviamente, contraproducente. Pero si la voz de “Quiero/necesito más” fuese examinada aunque sea por un mili-segundo en lugar de ser obedecida inmediatamente, el efecto podría ser sorprendentemente inspirador.

Un antídoto de tres capas compuesto por auto-conciencia, gratitud y fortaleza interna ayuda muchísimo a combatir el vacío del 'no es suficiente'. Hay mucho de reestructuración cognitiva involucrada (“Yo realmente tengo suficiente de _________”), y de dejar de lado de manera consciente el hecho de querer más. Pero la recompensa promete ser fantástica. No es que yo lo haya logrado, por supuesto – ni siquiera estoy cerca de eso. Pero estar intentándolo es suficiente.

Fuente: Aishlatino.com


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