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1 de agosto de 2018

La «gran evasión» que salvó a un judío de los sádicos castigos nazis de Auschwitz

El pasado junio falleció a los 95 años Herman Shine, uno de los pocos prisioneros que logró escapar del campo de exterminio más cruel de la Segunda Guerra Mundial

A pesar de que han pasado más de siete décadas desde de que la Segunda Guerra Mundial sacudió Europa, los números de las matanzas que se perpetraron en Auschwitz estremecen todavía a la sociedad. No en vano, al menos un 1.300.000 personas fueron deportadas a los diferentes complejos que formaban este gigantesco campo de concentración y, de las mismas, aproximadamente 1.100.000 fallecieron entre sus muros.

De todas ellas, apenas 200 consiguieron escapar de aquel infierno. Un número ínfimo del que formó parte Herman Shine, un judío germano que protagonizó su particular «gran evasión» para lograr salvar la vida.

Shine, el reo que logró sobrevivir contra todo pronóstico a las matanzas nazis tras un periplo de varias semanas, ha vuelto a ser alumbrado por el foco de la actualidad siete décadas después. Aunque, en este caso, por abandonar nuestro mundo. Y es que, tal y como publica en su versión digital el diario «The New York Times», falleció el pasado 23 de junio a los 95 años en San Mateo (California) debido a una insuficiencia renal.

A pesar de que la historia pierde con su muerte a un testigo de las barbaridades perpetradas por los hombres de Adolf Hitler, sus increíbles hazañas siempre permanecerán en el recuerdo. Y es que, como él mismo afirmó en una entrevista concedida al «The San Francisco Chronicle» en 2009, pudo continuar con su vida «gracias a una docena de milagros» y a una huida más que improbable.

Hacia el infierno
Shine nació en Berlín un 4 de octubre de 1922. Con todo, no tenía raíces germanas, pues su padre se había trasladado a Alemania desde Polonia durante la Primera Guerra Mundial para trabajar como comerciante. Tras pasar su juventud en la capital, nuestro protagonista fue encerrado por los nazis en 1939 después de que comenzara la contienda.

Ese mismo año fue trasladado hasta el campo de concentración de Sachsenhausen (Berlín), junto a su amigo Max Drimmer. Aquí comenzó su calvario. «Las SS andaban entre nosotros con látigos, palos y barras de acero. Nos golpeaban por cualquier cosa», afirmó Shine en declaraciones recogidas por el «Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos».

Con todo, aquel solo fue el comienzo de su particular infierno ya que, en 1942, Shine fue trasladado junto a Drimmer a Auschwitz. El viaje lo hicieron en un vagón claustrofóbico y en el que apenas podían respirar.

«Gran evasión»
Tras algunos meses de duro trabajo, esta curiosa pareja fue enviada hasta Monowitz primero, y Gleiwitz después. Dos de los campos de trabajo más duros en la órbita de Auschwitz. En ellos, Shine acababa extenuado día tras día... aunque vivo. «Mientras estuviese sano tenías la oportunidad de sobrevivir», afirmó el fallecido en una entrevista concedida al «The San Mateo County Times» en 2001.

Al parecer, se encontraba trabajando en Gleiwitz cuando vio a un grupo de mujeres jóvenes limpiando. Con dudas, se acercó hasta ellas y se hizo amigo de una, Marianne Schlesinger. No pudo tener más suerte ya que esta chica vivía fuera de la prisión porque, en sus palabras, era solo «medio judía». Tras pasar algún tiempo juntos, la joven le dio la dirección de la casa en la que residía. Según le dijo, para que se escondiera si en algún momento lograba escapar.

Aquella mujer puso las bases de una «gran evasión» que empezó a forjarse con la ayuda de Józef Wrona, un civil polaco contratado por los nazis al que conoció en Monowitz en 1944. Si Schlesinger fue una bocanada de aire fresco, este hombre se convirtió en un auténtico salvavidas en mitad del mar. Y es que, a pesar de que sabía que ayudar a nuestro protagonista (y a su amigo) significaba la ejecución, decidió poner en riesgo su vida para tratar de salvarles.

Wrona descubrió un escondite estrecho en una cantera cerca de Monowitz y, durante un descanso para comer, metió a los dos prisioneros en él. Ambos se acurrucaron durante más de un día, ocultos bajo un edificio, hasta que su salvador regresó al caer la noche acompañado de otros tantos civiles. Más tarde salieron de allí tras ponerse ropa de trabajo y cubrir sus cabezas rapadas con gorras. El plan era que se hicieran pasar por trabajadores locales.

A continuación, Wrona les hizo atravesar la valla mediante una abertura que había descubierto días antes y les guió hasta su casa, donde planeaba esconderles hasta el fin de las hostilidades. Sin embargo, el grupo se encontró con la primera dificultad unos minutos después, cuando tropezaron con un grupo de soldados nazis. Estos les interrogaron durante algunos minutos pero, por suerte, creyeron que eran trabajadores civiles contratos.

Parecía que habían logrado huir, pero nada de eso. Días después, los nazis registraron la casa y no les descubrieron por pura casualidad. Shine sabía que debía marcharse, así que decidió esconderse en la dirección que le había dado su amiga tiempo atrás. Lo más llamativo es que lo hicieron tras un periplo de más de cien kilómetros rodeados de miedo. Allí se escondieron hasta el final de la guerra. Y no solo eso, sino que nuestro protagonista encontró el amor en la figura de Schlesinger, a quien convirtió en su esposa.

Fuente: https://www.abc.es


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