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Ana Jerozolimski | Conocer más

Uruguaya-israelí , casada, tres hijos.
Radicada en Israel desde 1979.
BA en Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalem.
Cursó también estudios de Medio Oriente e Islam.
Dedicada al periodismo desde hace unos 25 años.

4 de junio de 2018

Israel, entre la utopía y la autodefensa

En el marco de cobertura periodística, el cronista no suele señalar a quién vota o de qué lado del mapa político se encuentra. Menos que menos cuando hay una situación de conflicto que agita los ánimos y las emociones.

Pero como se suele recordar que el gobierno actual es “el más de derecha y el más nacionalista en la historia de Israel”, dando a entender implícitamente que por ello no hay paz con los palestinos, decidí comenzar estas líneas con un pronunciamiento personal.

Ninguno de los partidos que forman la actual coalición de gobierno en Israel -sí, la más derechista y nacionalista de su historia- contó jamás con mi voto en ninguna de las elecciones. Ni tampoco contará con él cuando como ciudadana, tenga que volver a votar. Pero entre eso y decir “amén” a muchas cosas injustas y falsas que se escriben sobre Israel, hay un gran trecho.

No son pocas las actitudes y políticas del gobierno actual que merecen críticas a mi criterio. Pero como no aterricé aquí cuando Netanyahu asumió el poder, y recuerdo clarísimo los años en los que los gobiernos eran otros, de centro o centro izquierda (a los que yo sí había votado), y tampoco con ellos se logró la paz ni el fin del terrorismo, decidí escribir estas líneas.

Y lo que las motivó fue el editorial publicado en “El País” de España este domingo 3 de junio bajo el título “Y la utopía abandonó a Israel”, algunos de cuyos puntos queremos comentar.

-Comienza afirmando que “70 años después de nacer como un ideal ético colectivo, el Estado hebreo acentúa su perfil nacionalista y militar con el Gobierno de Netanyahu”. Ni una palabra sobre el acoso que Israel ha sufrido durante décadas de parte de sus enemigos, del terrorismo que jamás cesó-salvo una mención al pasar de los cohetes disparados la última semana desde Gaza a Israel- , un trasfondo más que relevante cuando se habla del papel del ejército en la sociedad israelí.

Israel no tuvo más remedio que promulgar una ley de servicio militar obligatorio apenas se creó, y fue la realidad impuesta por sus enemigos la que convirtió a las Fuerzas de Defensa de Israel en el ejército más poderoso de la región. De lo contrario, no existiría.

-El autor cuenta sobre una manifestación de gente de izquierda y pacifistas, según su descripción, en la explanada del teatro nacional Habima en Tel Aviv, y cómo ultraderechistas calificaban de traidores a los participantes, a los que les gritaban “¡Marchaos a vivir a Gaza!”. No hay duda ninguna: en la sociedad israelí hay también extremistas, ultras, intolerantes, como en toda sociedad del mundo. Y ese “marchaos a Gaza” que me resulta inaceptable, no es más grave que tildar de fascista o enemigo de la paz, como ha pasado en incontables ocasiones, a quien, por ejemplo, no confía en el liderazgo palestino, lo critica y responsabiliza por parte al menos de la situación actual. O a quien apoya a Netanyahu, el único gobernante de Oriente Medio electo en forma absolutamente democrática.

- El periodista entrevista en dicha manifestación a la ex diputada laborista Yael Dayan, quien afirma que “en las protestas en Gaza ha habido muchos muertos por los disparos de nuestros soldados”. Es oportuno recordar que de boca de los propios jefes de Hamas se confirmó el alto porcentaje de sus hombres entre los muertos y el hecho que no eran “protestas pacíficas”. Hubo numerosos intentos de violar la frontera internacional, irrumpir a Israel a cometer atentados y de colocar cargas explosivas junto a la cerca fronteriza. El Coronel británico (retirado) Richard Kemp, que no es ni israelí ni judío, afirmó ante la propia ONU que ningún ejército del mundo hace tal esfuerzo para minimizar bajas del otro lado, como las Fuerzas de Defensa de Israel.

- Yael Dayan también es citada diciendo “hemos olvidado la historia, los valores del judaísmo” y yo me permito discrepar con la generalización. Claro que en la coalición de gobierno hay elementos cuyos pronunciamientos, demasiado asiduamente, me parecen dignos de condena y rechazo. Hay quienes a mi criterio, trabajan en el Parlamento guiados por consideraciones religiosas y nacionalistas que no llevan a buen puerto. Pero Israel continúa siendo un país con una alta escala de valores, que permite a sus propios enemigos apelar ante su Suprema Corte de Justicia y que atiende en sus hospitales a judíos y árabes por igual. Eso no sucede en un país en guerra que ha perdido sus valores sino únicamente en un lugar que sigue buscando el equilibrio entre lo necesario de su fuerza y sus valores humanos.

-“Mientras la hija del mandatario de EE UU Ivanka Trump inauguraba en su nombre la legación diplomática de la Ciudad Santa en un clima de euforia local, los disparos de los francotiradores del Ejército causaban la muerte de 62 manifestantes ante la valla de separación fronteriza”. No estaría de más recordar en qué circunstancias y cuántos de esos 62 eran confirmados terroristas ¿no? O sea, lo dijo el propio Salah Bardawil de Hamas, recalcando que “la cifra es oficial”.

-El autor recuerda que “las repercusiones de esta crisis en Gaza han ido más allá de la condena a Israel en foros internacionales” y da ejemplos de cancelaciones a presentarse en Israel o rechazo de invitaciones al país, como muestra de lo merecedor de condenas que es el comportamiento del gobierno: el cantante brasileño Gilberto Gil y la actriz Natalie Portman, entre otros. Tienen todo el derecho de discrepar. Yo me permito recordar que han sido muchos más los que sí vinieron o están por venir: Enrique Iglesias, Backstreet Boys de Gran Bretaña, Pussy Riot de Rusia, Romero Santos y en las próximas semanas Ringo Starr y Donn Maclean entre otros.

Sea como sea, es oportuno señalar que cuando hay una cancelación y el BDS celebra, no es por su deseo de mejorar la situación y que se logre la paz israelo palestina, ya que los boicoteador es de dicho marco se oponen a la existencia misma del Estado de Israel.

-La nota cita al argentino israelí Meir Margalit que fue miembro del Concejo Municipal de Jerusalem, Doctorado en Historia quien partiendo del triunfo de la derecha en 1977 analiza que “Israel pasó de ser una sociedad humanista a convertirse en una militarista a partir de la ocupación de 1967”.

Indudablemente, el control militar de los territorios conquistados en 1967, podrá haber dado cierta profundidad estratégica a Israel, pero también trajo aparejados fenómenos nocivos que no hicieron bien a la sociedad israelí. Pero aún apoyando también hoy la idea de que haya un Estado palestino independiente en parte de dicho territorio, siempre y cuando pueda convivir en paz y seguridad con Israel, aún convencida tal cual siempre he estado y sigo estando, de que la separación entre ambos pueblos es ineludible y clave para Israel, no puedo olvidar que la ocupación comenzó cuando Israel tuvo que repeler el ataque jordano que trató de evitar. Y que mucho antes de la compleja situación actual en el terreno, con una población judía en los asentamientos que no es factible desalojar, al menos no enteramente, fueron varios los intentos de acuerdo rechazados antes por el mundo árabe en general y el lado palestino en particular.

-. “Lo pactado en Oslo no tuvo apenas tiempo de poder aplicarse”, dice Margalit. “Tras el asesinato de Rabin, en 1995, Netanyahu ganó por primera vez unas elecciones y comenzó a desmontar todo lo que había sido negociado”.

Pues me es ineludible discrepar. Netanyahu también firmó acuerdos con el entonces jefe palestino Yasser Arafat. El primero fue el acuerdo de Hebron, suscripto en enero de 1997, en cuyo marco se determinó la división de la ciudad en dos áreas de poder, entrando la policía palestina a la parte mayoritaria, de población palestina, mientras el ejército israelí continuaba a cargo de los enclaves judíos.

En octubre de 1998 también firmó el acuerdo de Wye Plantation. Claro está que hubo a menudo postergaciones en la implementación de puntos pactados, pero es imprescindible recordar que las cosas no surgían del aire y que en el terreno, el terrorismo palestino (atentados suicidas y de otra índole), continuaba golpeando. Difícilmente se pueda separar ambas cosas. Entre la firma del acuerdo de Oslo en 1993 y el fin del año 2000, o sea hasta el estallido de la segunda intifada, hubo más de 60 atentados suicidas.

Aún recordamos claramente una rueda de prensa en la oficina del Primer Ministro, cuando el cargo lo ocupaba en forma interina Shimon Peres, después del asesinato de Rabin, antes de las elecciones en las que ganó Netanyahu. El encuentro había sido convocado por un atentado suicida cometido esa mañana. Preguntamos a Peres –símbolo de la lucha por el proceso de paz- si temía que lo sucedido socavara sus probabilidades de resultar electo y él nos criticó en vivo diciendo “esto es lo último en lo que hay que pensar en un momento así, cuando hay tantos muertos”. Años después, en una de las diversas entrevistas que le realizamos, confesó que sí, que ineludiblemente también él había pensado en eso y tenía claro que el atentado incidiría negativamente en sus probabilidades de resultar electo.

El terrorismo fortalece a los sectores percibidos como quienes son capaces de adoptar una línea más dura contra él. Y más allá de preferencias de cariz religioso, por ejemplo, respecto al control de los territorios que parte de la población considera el escenario de la promesa bíblica al pueblo de Israel, lo que movió a la ciudadanía israelí hacia la derecha, a votar por gobiernos más conservadores, fue ante todo el terrorismo palestino.

El autor del editorial lo llama “el clima de violencia visible durante la Segunda Intifada (2000-2005) “, diciendo que eso “hizo que muchos israelíes dejaran de creer en las propuestas de Oslo”.

Sugiero un término alternativo que considero más acorde con la situación: no “clima de violencia” sino el terrorismo por el cual el israelí promedio, en aquellos años, se levantaba pensando a qué ciudad le tocará hoy la bomba. Recuerdo el horror, el miedo, la preocupación…y el infierno que vi personalmente en aquel autobús que voló con una carga explosiva aquel 29 de enero del 2004, matando a 11 civiles y dejando a numerosos heridos.

-“Los líderes que se alternaron en el poder en Israel —Barack, Sharon, Ehud Olmert— emprendieron fallidos procesos de negociación con los palestinos. El actual Ejecutivo, considerado el más derechista en la historia de Israel, no ha planteado iniciativas de paz”, dice el editorial. Sí, hubo procesos fallidos, porque tanto Arafat como su sucesor Mahmud Abbas, rechazaron siempre las propuestas israelíes, una de las cuales, del entonces Premier laborista Ehud Barak, incluía hasta la división de Jerusalem.

Y el gobierno actual no ha lanzado nuevos planes. ¿Acaso el tema son nuevos planes? El tema es sentarse a negociar. Netanyahu se dijo repetidamente dispuesto a hacerlo pero la Autoridad Palestina optó por la arena internacional como marco de diálogo, para presionar a Israel.

Es indudable que del gobierno actual los palestinos sacarán menos concesiones. Claro que el gobierno actual incluye una gran cantidad de ministros opuestos a la creación de un Estado palestino. ¿Y qué pasó cuando eran otros los gobiernos y los palestinos siempre optaron por el “no”?

¿De eso también tiene la culpa el gobierno “más derechista de la historia de Israel”?.

-El editorial cita al gran escritor Mario Vargas Llosa, que en los últimos años ha pasado de la legítima discrepancia con la política israelí, a una demonización del Estado judío, alegando que no es él quien cambió, sino Israel. Claro que Israel cambió, en algunas cosas para bien y en otras para mal, como ha sucedido a tantas sociedades modernas que no han tenido que lidiar con las mismas adversidades con las que tuvo que lidiar Israel. Así escribe Vargas Llosa: “Un pueblo que había levantado ciudades modernas y granjas modelo donde solo había desiertos, creado una sociedad democrática y libre, y en la que un sector muy importante quería verdaderamente la paz negociada con los palestinos. Ese Israel por desgracia ya no existe. Ahora es una potencia militar, sin duda, y en cierta forma colonial, que solo cree en la fuerza”.

Potencia militar, claro que sí, ha tenido que desarrollar una gran fortaleza militar ya que de lo contrario, su gente estaría hoy en el mar. Y no señor, no cree “solo en la fuerza”. Porque Israel es también una potencia tecnológica y científica, con 12 Premios Nobel en sólo 70 años, aunque es un país de sólo 8 millones y medio de habitantes. Es también una potencia de ayuda humanitaria, cuyo largo brazo ha llegado a los confines más remotos del planeta para salvar y curar cuando desconocidos de otros lares lo han necesitado. No, no es una sociedad ideal por ello, no está formada por ángeles ni santos. No son todos buenos los israelíes, ni les acompaña siempre la razón. Pero entre los problemas que debe aún corregir y el cuadro que le pintan sus detractores, hay años luz de distancia.

Quizás alguna utopía sí ha desaparecido. Creo que la del sueño de los fundadores, de poder ver al Estado judío viviendo en paz con sus vecinos, algunos de los cuales siguen buscando hoy formas de dañarle lo más posible. Si esto hubiera comenzado con “el gobierno más derechista de la historia”, quizás este análisis habría sido otro. Pero no…comenzó mucho antes….para pesar de todos los israelíes, de derecha, centro e izquierda…tanto de los que votaron a Netanyahu como de quienes nunca lo apoyaron.

Fuente: facebook


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