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1 de junio de 2018

La primera etapa de Chagall, entre Vítebsk y París, en el Museo Guggenheim Bilbao

El Museo Guggenheim Bilbao (norte de España) exhibe una amplia muestra de las mejores obras de la primera etapa del pintor judío de origen ruso Marc Chagall, producida entre 1911 y 1919 a caballo entre París y su localidad natal de Vítebsk, en la que se gestó el inconfundible e inclasificable estilo de uno de los artistas fundamentales del arte europeo de inicios del siglo XX.

La exposición, titulada “Chagall. Los años decisivos, 1911-1919”, coproducida con el Kunstmuseum Basel de Basilea (Suiza), reúne 86 obras de este particular pintor que fusionó tanto los dos universos culturales, completamente diferentes y en algunos aspectos antagónicos, que le influyeron en sus inicios, el de su origen judío-jasídico y el occidental, absorbido en sus años de formación en París.

Chagall (1887-1985), nacido en una familia humilde, llegó en 1911 a París, tras estudiar arte en Vítebsk, actualmente Bielorrusia, y en San Petersburgo, y durante tres años, hasta 1914, creó un conjunto de obras en las que conjugó tanto la cultura tradicional de la rama jasídica del judaísmo ruso como la occidental, que descubrió en la capital francesa, explicó la curadora (comisaria) de la muestra, Lucia Agirre, en la presentación de la exposición en Bilbao.

Asimismo, absorbió las características de los distintos movimientos pictóricos de vanguardia que conoció en la capital parisina, como el cubismo, el fauvismo, el orfismo, etc., gracias a su relación con artistas como Modiglianni, Delaunay, Lipchitz y otros, y con ellas creó su propio e inconfundible lenguaje pictórico, agregó.

A Chagall no le gustaba adscribirse a ninguno de los movimientos imperantes en el París de primeros de siglo porque -explicó- “no le gustan las restricciones en su obra; Chagall coge de cada uno lo que le interesa y lo utiliza de una manera muy personal”.

Agirre destacó también de la obra de Chagall que “no es naíf ni onírica; plasma la realidad en lo que pinta, solo que la transmite desde su particular forma de ver el mundo y las cosas”, como sucede en el caso de una de sus obras más icónicas y famosas, “París a través de la ventana” (1913), que se muestra en la primera sala de la exposición.

En este periodo es en el que el artista ruso gesta su particular estilo en el que dominan las formas geométricas y abstractas, propias del cubismo, y el color y el movimiento, que caracterizan esta primera etapa de su carrera artística.

En París, Chagall consigue “liberar el color” de una manera muy particular, explicó la curadora, porque para el artista el tratamiento del color es fundamental, al considerar que los colores reflejan las distintas emociones del alma.

De ahí el uso de azules, rojos y verdes intensos para colorear las caras de sus personajes que se pueden observar en algunas de las obras expuestas en Bilbao.

A la primera época en París pertenecen las obras que reciben al espectador en la muestra, como “Yo y mi aldea”, “El vendedor de ganado”, “La habitación amarilla” y “Homenaje a Apollinaire”, en el que rinde tributo a ese poeta francés, el primero en descubrir la potencialidad de Chagall.

La segunda parte de la muestra está dedicada a las obras que pintó a su regreso en 1914 a su aldea natal de Vítebsk, donde quedó atrapado al cogerle en ella el inicio de la Primera Guerra Mundial.

En los cinco años siguientes, hasta 1919, año en el que termina la exposición, Chagall retoma los temas relacionados con la identidad judío-jasídica, el folclore, la cultura y las costumbre de su pueblo.

Entre las obras destacadas de este periodo que muestra el centro expositivo, está el conjunto de cuatro cuadros erróneamente conocido como “Cuatro grandes rabinos”, en los que retrató a otros tantos judíos pintados en blanco, negro, verde y rojo, que se han reunido en esta muestra de forma excepcional, ya que a los tres “judíos” depositados en el Kunstmuseum de Basilea (Suiza) se ha unido el préstamo del “Judío rojo”, que forma parte de las colecciones del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

La exposición, patrocinada por la Fundación BBVA, permanecerá abierta al público hasta el 2 de septiembre. EFE

Fuente: Aurora


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