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9 de mayo de 2018

Acuerdo nuclear con Irán: cuando las propuestas se tornan exigencias

La imagen del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, junto a dos expositores, uno con archivadores y otro con discos compactos, simboliza lo que posiblemente sea el mayor golpe en la historia del espionaje: la adquisición por parte del Mosad del archivo del programa iraní para la creación de armas nucleares.

La subcampeona en esa liga podría ser la información anticipada sobre la operación Overlord –el desembarco de los aliados en Francia al final de la Segunda Guerra Mundial– procurada por Elyesa Bazna desde Ankara y por Paul Fidrmuc desde Lisboa.

La Alemania nazi no hizo nada con esa información sobre el lugar del desembarco previsto para el Día D. En su lugar, fue víctima de una información falsa suministrada por un supuesto espía que trabajaba para los Aliados. En este punto podría establecerse un paralelismo con los políticos y sedicentes expertos que se desviven por hacernos creer que el golpe del Mosad no nos dice nada nuevo y que simplemente demuestra que el acuerdo nuclear con Irán está más justificado que nunca. En concreto, afirman que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) conocía los detalles generales de lo que se ha revelado ahora antes incluso de que se suscribiera.

Los diversos apologetas del acuerdo no entienden una distinción muy simple: la que separa una confirmación de una sospecha. La AIEA basó su valoración en “más de un millar de páginas” de documentos; ahora tenemos cien mil. De hecho, esas cien mil páginas equivalen a cien mil confesiones firmadas de que el régimen iraní pretende crear armas nucleares y cargarlas en misiles. Las cabecitas de los apologetas son simplemente incapaces de entender la magnitud histórica del descubrimiento del Mosad.

Junto con el propio Netanyahu, quien es perfectamente consciente de tal magnitud es el presidente de EEUU. En febrero, Trump informó a los tres países europeos implicados en el acuerdo con Irán de los defectos que quería se corrigiesen para seguir certificando el acuerdo. Como reportó Reuters en su día,

Trump ve tres defectos en el acuerdo: 1) no se ocupa del programa iraní de misiles balísticos; 2) los términos en que los inspectores internacionales pueden visitar instalaciones nucleares iraníes sospechosas; 3) las cláusulas de extinción, que empiezan a expirar a los diez años. Para que Estados Unidos se mantenga en el acuerdo, quiere que se refuercen esos tres puntos.

El golpe del Mosad ha convertido las tres propuestas de Trump en tres imperativos, no sólo para los europeos, también para los otros dos países implicados en el acuerdo: Rusia y China. (Moscú, en concreto, debe entender que las principales ciudades rusas están al alcance de los misiles iraníes). Es decir, para que el acuerdo sobreviva, se deben cancelar las cláusulas de extinción, la AIEA debe tener libertad para inspeccionar lo que quiera y han de limitarse las capacidades iraníes en materia de misiles de largo alcance. Y es que el Mosad también nos ha suministrado cien mil páginas de confesiones firmadas de que el régimen iraní reanudará y completará sus proyectos con misiles nucleares tan pronto como el acuerdo se lo permita.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio


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