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9 de mayo de 2018

Las nuevas caras del antisemitismo

Qué gran esfuerzo deben hacer los antisemitas legendarios, vigentes, alimentando su odio y avivando el fuego de tanta pasión, no sea cosa que si acontece el olvido de tanto esfuerzo malicioso éste pueda trocarse en su par contrario, o sea el amor, porque para reconocer a ese enemigo, asiduo y constante, el sujeto que se encoleriza con ese otro debe mirarse en su espejo ominoso que de alguna forma le devuelve algo propio que no quiere reconocer de si.

Antisemitismus, término que fue introducido e impuesto en Alemania por el periodista socialista Wilhem Marr (1819-1904) a finales de la década de 1870 para designar “el rechazo no confesional de los judíos y del judaísmo”.

Y tenemos así mismo a los propios judíos que se dicen ser socialistas y que por ende no adhieren al obrar de la política defensiva del Estado de Israel. Que esgrimen el argumento de que Israel con su política expansiva aniquila a los pobres niños palestinos, pensando que con ese lema dejarán de pertenecer a la grey judía. Craso error, no nos olvidemos de Hitler y su deseo desmedido de erradicar a sus judíos de Europa, con su frase de Judenrein , frenesí asesino que compartió este Führer con su partido nazi y que llevó a establecer la Solución Final en ese fatídico 20 de enero de 1942, firmado por 15 canallas en la lujosa residencia expropiada a un acaudalado judío en la zona de Wannsee, en las afueras de Berlín, no perdonando a ningún judío, asimilado o no, condecorado como héroe de la Primera Guerra Mundial sirviendo a su patria Alemania, de lo establecido en esa firma nefasta.

Cuando se trata de aniquilar judíos tenemos a los verdugos voluntarios de Hitler, gente ordinaria, común, que alzó la mano porque sí, con eso de “haga patria, mate un judío”.

También tenemos la judeofobia islámica, semillero que se va engendrando desde la cuna, no sea cosa que si se les cae la causa beligerante, ciega e irracional, entonces los árabes tengan que ocuparse de cuidar a sus hijos, criarlos, educarlos en un seno de amor y tolerancia hacia el prójimo, el vecino, el medio hermano nacido del vientre de Sarah, el otro, el ismaelita, hijo de Hagar, compartiendo ambos la misma paternidad, la del patriarca Abraham.

Y a pesar de la asimilación de los judíos alemanes, ya sea socialista o agnóstica, a la hora de su exterminio no valió ningún argumento de Deutschland über alles, se los persiguió y rastreó cual ratas buscando sus raíces judías siete generaciones hacia atrás, aunque tuvieran un solo abuelo judío, no dejaban de ser una raza inferior, digna de ser extinguida. ¿Argumento de pureza aria con un tinte religioso? Vaya argumento ingenuo. Detrás de tanta masacre y persecución había un motivo económico, de robo y apropiación, igual como aconteció con la España de la Inquisición en 1492. De la misma manera que si acontece un desajuste en las economías mundiales, nuevamente el judío será el chivo expiatorio de dicha barbarie.

Hoy en día los argumentos han cambiado, ya no está la banca Rothschild, ni los Camondo, hoy el argumento antisemita está agazapado, disfrazado en la crítica a Israel, a su crecimiento libre que por cierto ya lleva 70 años, defensor de sus fronteras, con mentalidad de “sabras” y no de judío diaspórico, pidiendo permiso de residencia o su derecho a existir en su diferencia, agazapado en ghettos discriminatorios cual bestias apestosas. El querer erradicar al Estado de Israel es el nuevo argumento antisemita, disfrazado, soslayado, no hablan de religión, sino que nominan a los israelíes como los nuevos nazis de la historia que se ensañan con los pobres palestinos. La masacre de niños judíos o de jóvenes soldados israelíes no son noticia, nadie duela esa sangre derramada, para la izquierda ya decadente y demodé, trata de reflotar su ideología obsoleta y acaparan la prensa cuando en la contienda muere un palestino a pesar de que esgrime un misil dirigido, enfilado a un jardín de infantes de los pobrecitos niños judíos.

¿A qué se debe tanto silencio, por qué tanta maldad sin ambages? ¿Qué encubre tanto odio al otro, nominado “el judío”, el diverso, el diferente, inquebrantable a pesar de tantas persecuciones, inquisiciones y holocaustos, y a pesar de todo seguimos diciendo : “Mir seinen do”, aún estamos aquí, y no es cuestión de creencias ni religión, los judíos estamos nucleados aunque no vivamos en Israel, aunque amemos la patria de residencia, aunque no creamos en Dios, igual somos judíos, no por adopción, sino por nacer de vientre judío y con esa sola marca es nuestro pasaporte de regreso a la Tierra Prometida entonces, qué no nos perdonan?

Pregunta difícil de contestar, que cada antisemita se la haga en la soledad de su conciencia, y que cada judío piense que a pesar de tantas persecuciones qué hace que no dimita, no renuncie a su condición de tal, de ser el judío errante, milenario pero que hoy tiene una patria, hecho que el mundo gentil no le perdona y en su deseo más íntimo es lo que le quiere usurpar.

Por eso decimos desde nuestra más profunda convicción: Nunca digas que este es tu último sendero, y por ende ellos ¡No Pasarán!

Fuente: Aurora


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