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David ben Jaim

Nacio el 11 de Abril de 1933 en Concepción, Chile.
El año 1939 la familia se traslada a Santiago. El año 1943 se incorporo al JIS (Juventud Israelita Sefaradí) formando parte de la Directiva que en 1947 adhiere a Hanoar Hatzioní, quedando a partir de ese instante, integrado al sionismo en forma indivisible.
Sus primeros comentarios los escribio a partir de 1964 y de 1970 en adelante, se incrementan hasta llegar a ser parte de su ser.
Estos comentarios se han publicado en la casi totalidad de medios comunitarios chilenos, principalmente en El Vocero y Jadashot de la Comunidad Sefaradí.
En la actualidad, es columnista habitual del portal electrónico ANAJNU.

Queridos amigos, normalmente, cuando escribimos un comentario sobre algunas de nuestras fiestas, muy especialmente cuando nos referimos a las Grandes Fiestas, nos dedicamos a dar explicaciones sobre el contenido, la motivación y las razones religiosas, que nos llevan a celebrarla.

Hoy, me tomaré la libertad de hablar con ustedes sobre lo que me inspira la celebración de Sucot, dejando para los más versados, referirse a las poderosas e importantes motivaciones tradicionales que sobre tan importante festividad, se suele hablar.
Ya las celebraciones de Rosh Hashaná y Yom Kipur, forman parte del ayer y, por razones que no entiendo, pensamos que ya cumplimos con la tradición de las “ALTAS FIESTAS” dejando a un lado, lo que recordaremos en pocos días más.
Durante 7 días en Israel y 8 en la Golá, la Sucá deberá ser el centro de nuestro diario vivir. Ya quedó atrás Yom Kipur, la festividad que junto con Pesaj, les permite cada vez a más correligionarios, sentirse satisfechos ya que su recordación, copa íntegramente sus obligaciones para con la religión.
¿SUCOT? ¿Quién se va a instalar en estos tiempos modernos, durante toda una semana debajo de una carpa o unas ramas, cuando tengo mi casa que tantas comodidades me brinda? Que los ortodoxos, si es que quieren, hagan su vida bajo tantas incomodidades.
Cuan equivocados están, queridos amigos, aquellos que así piensan. Hay un aspecto que creo, pasa desapercibido en los días de Sucot. El simbolismo de hacer parte de nuestra vida, debajo de las ramas (lo más frágiles posible) tiene un valor inconmensurable.
Normalmente, disfrutamos en la medida de nuestras disponibilidades económicas y del entorno, de múltiples bondades que podemos adquirir con “nuestro” dinero y con lo que podemos comprar en tiendas y supermercados a los cuales solemos concurrir habitualmente. No se nos ocurre pensar por qué y gracias a qué, tenemos la capacidad y posibilidad de disponer de todas esas cosas. Es nuestro diario vivir. Es nuestra costumbre. Para eso, me “saco la mugre” trabajando para poder satisfacer mis gustos y los de mis seres queridos.
¿Y DIOS?..........Bueno, si ahora estoy tan contento con lo que tengo, para que me voy a preocupar de esas cosas. Vivimos tiempos modernos (siempre éstos son los culpables y no nosotros) y, la verdad, no me preocupo de esas cosas.
Pero, ¿Qué pasa cuando en algo nos va mal o tenemos la preocupación de la salud nuestra o de los míos, que no está como quisiéramos? Ahí, si nos acordamos de Dios, ya sea para rogarle que nos ayude a solucionar nuestros problemas o, para clamar cómo es posible que a mí, que soy tan bueno y que ayuno en Kipur y no como pan en Pesaj (bueno…..no seamos tan rigurosos, a veces un sanguchito con unos amigos…) me estén pasando estas cosas.
Yo que soy tan piadoso, si hasta ayudo a tantas personas cuando me lo piden. ¿Qué hace Dios que no me cuida y permite que esto me está pasando. Mis limitaciones humanas, no me permiten entender que cuando me va bien, creo no necesitar de Dios, pero, cuando las cosas se dificultan, Dios me abandonó, en circunstancias que siempre, EL está presente en nuestras vidas y jamás nos abandona. Somos nosotros los que, en algunos momentos, LO abandonamos.
Resumiendo, cuando estoy bien y me va mejor, es gracias a mí, ya que soy capaz e inteligente, pero, cuando me va mal, todos podrán ser culpables menos yo. Incluso hasta Dios puede ser culpable de mis males, menos yo.
Bueno, ¿Se puede saber por qué todas estas especulaciones si íbamos a hablar de Sucot? Justamente por eso. Sucot, debiera ser recordada primordialmente, por llamarnos a la modestia y la humildad. El reemplazar sólidos muros de hormigón, por frágiles ramas que no atajan ni el calor ni menos el frío, nos está recordando cuan débiles son las cosas materiales de las cuales nos valemos rutinariamente.
Nos olvidamos con una facilidad asombrosa que, sin la voluntad divina, nada de los bienes materiales de los que disponemos, nos sería posible. Necesitamos imperiosamente un recordatorio que son las cosas espirituales lo único que realmente nos pertenece. Vivimos luchando por nuevos logros materiales. ¿Sabemos de alguien que llegado el momento de su partida, se haya llevado algo material en su paso al más allá?
Sin lugar a dudas, es muy importante el tratar de darnos nosotros mismos y a nuestros cónyuge e hijos, lo mejor que podamos, pero, desconocer totalmente de nuestras vidas, la importancia de Hashem, es un error inconmensurable y es ahí donde juega un papel importantísimo la Sucá.
Por lo menos una vez al año, recordemos la humildad de esas vulgares ramas, en nuestro entorno, que nos está anunciando la fragilidad de nuestras vidas y como, al final de nuestros días, sólo si somos recordados por nuestras virtudes, podremos pensar que nuestro pasar por esta dimensión, nos permitió cumplir un objetivo positivo.
Sucot, llamado inconfundible a la modestia, la humildad, la comunicación con Dios para agradecerle sus bondades para con nosotros y una semana para volver a nuestros orígenes.
Nuestros patriarcas vivieron en frágiles Sucot que les permitió conectarse con El Creador y encontrar la fe que aún en nuestros días, perdura. Moisés, el más grande entre los grandes, durante 40 años nos condujo en busca de nuestra identidad como judíos, habitando frágiles Sucot que lo protegieron y le permitieron estructurar definitivamente, la esencia de nuestro ser.
VIVAMOS CON LA INTENSIDAD E IMPORTANCIA QUE TIENE, ESTOS DÍAS DE SUCOT Y ASÍ, CONCIENTEMENTE, ESTAREMOS CULMINANDO LA IMPORTANCIA DE HABER RECORDADO LAS GRANDES FIESTAS, CON TANTO RECOGIMIENTO Y ARREPENTIMIENTO.

David ben Jaim


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