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David ben Jaim

Nacio el 11 de Abril de 1933 en Concepción, Chile.
El año 1939 la familia se traslada a Santiago. El año 1943 se incorporo al JIS (Juventud Israelita Sefaradí) formando parte de la Directiva que en 1947 adhiere a Hanoar Hatzioní, quedando a partir de ese instante, integrado al sionismo en forma indivisible.
Sus primeros comentarios los escribio a partir de 1964 y de 1970 en adelante, se incrementan hasta llegar a ser parte de su ser.
Estos comentarios se han publicado en la casi totalidad de medios comunitarios chilenos, principalmente en El Vocero y Jadashot de la Comunidad Sefaradí.
En la actualidad, es columnista habitual del portal electrónico ANAJNU.

18 de setiembre de 2017

COREA DEL NORTE – IRÁN

Queridos amigos, cuando de niños íbamos al colegio, uno de mis ramos preferidos era historia.

Recuerdo haber aprendido que desde que se recuerda, siempre hubo imperios que dominaban el mundo conocido de la época. En América sucedía lo mismo, aun cuando el mundo civilizado no conocía este continente, con culturas increíblemente avanzadas. Su principal característica, poseer el ejército más poderoso, lo que le permitía conquistar a sus vecinos más débiles, acumular grandes riquezas e imponer su voluntad, sin mayores contratiempos.
Todo andaba muy bien, hasta que un nuevo país lograba imponer su supremacía, dando inicio a un nuevo imperio. Sin estar en orden cronológico, podemos recordar a los asirios, los babilonios, los persas, los egipcios, los romanos y así, podríamos mencionar muchos otros.
Lo importante era que siempre, un imperio lograba desplazar a otro, ya fuera por poseer un ejército más poderoso o sus componentes eran de una crueldad más atroz que el anterior. Igualmente, nos encontramos con narraciones que nos describían pueblos nómadas, sin ejército que destacara y sin una mayor cultura, que ingresaban pacíficamente a la capital del imperio reinante y, una vez asentados y aceptados, se volcaban contra quienes cordialmente los había recibido, logrando hacerse del poder, dando así origen a un nuevo imperio. ¿Le encuentran un parecido a lo que acontece hoy en Europa y las migraciones musulmanas, en forma de refugiados?
Si nos ubicamos a los inicios del siglo XX, nos encontramos con el Imperio Turco Otomano y el gran y poderoso Imperio Británico. Con la Primera Guerra Mundial, desaparece el primero y vemos surgir uno nuevo, con un país relativamente nuevo y, por añadidura, del Nuevo Mundo. Estados Unidos de Norte América.
De golpe, nos encontramos con la Segunda Guerra Mundial, el feliz derrumbe de la Alemania hitleriana, que pretendió implantar un imperio que duraría mil años, que terminaba su sueño con Alemania en ruinas.
Dos nuevas potencias, se levantaban radiantes y victoriosas: La Unión Soviética y los Estados Unidos de Norte América.
La primera, ejerce su poder férreo y despótico, en forma tradicional, esto es, la conquista de los países aledaños, los cuales deben someterse tanto militar como ideológicamente, bajo el alero del marxismo leninismo. Los segundos, sin invadir territorio alguno, ayudan a sus ex enemigos y los subyugan por medios económicos.
Ambos imperios, van enrolando nuevas naciones, cercanas o lejanas, valiéndose siempre los primeros de su doctrina política y los segundos, de su poder económico. Tenemos de esta manera, al mundo dividido en dos grandes bloques y la guerra fría que los enfrenta retóricamente.
Ha surgido un elemento que marca una gran diferencia con todo lo acontecido anteriormente y eso es la energía nuclear, con la cual se logra construir bombas a tal punto devastadoras, que solamente han sido usada dos de ellas, ambas por EEUU y en contra de Japón, lo que logró en su momento, matar instantáneamente a cientos de miles de seres humanos cada una, poniendo fin a la Segunda Guerra definitivamente.
Con la caída del Muro de Berlín, se desintegra el imperio soviético, pero no Rusia. Estados Unidos se impone majestuoso y sin sombras, hasta que un gigante, dormido por siglos, da un vuelco notable, al separarse de Rusia y el comunismo, bajo el alero de su propio tirano, el fatídico Mao, que no duda en asesinar a millones de chinos, hasta establecerse férreamente en el poder.
Otros países, esparcidos en todos los continentes, van fortaleciéndose, mayoritariamente bajo el alero de su modesto pero mortífero poder nuclear. En Europa, países como Francia y Gran Bretaña, tienen acceso a la tecnología que les permite hacerse de un arsenal no comparado con Rusia y EEUU, pero que los pone en un nivel de respeto a considerar.
La India y Paquistán se incorporan a este club atómico, enfrentados en una guerra en que ninguno recurre a su arsenal atómico, sabiendo que su uso acarrearía tal desastre, que simplemente ambos saldrían mermados.
En general, se trata de países que, teniendo su pequeño arsenal atómico, comprenden la seriedad de su uso, lo que le da al mundo, una relativa tranquilidad. Irak, gobernado por un Dictador atroz, Saddam Husein, pretende ingresar a este seleccionado club, basando sus pretensiones en lograr la destrucción de su mortal enemigo, el Estado de Israel, el cual, se supone ya que su gobierno nunca lo ha confirmado ni desmentido, también poseería un arsenal nuclear.
EEUU amenaza reiteradas veces al gobierno iraquí sobre su pretensión nuclear. Las Naciones Unidas toman acuerdos de condena en forma reiterada. Nada de esto surte efecto. El mundo está empezando a desconocer el poder y la autoridad de EEUU. Sin que nos demos cuenta, aun cuando es indiscutible que se trata de la primera potencia económica y militar mundial, ya no es respetada como antes.
El pequeño, pero bien armado Estado de Israel, viendo que su existencia está en serio peligro de desaparecer, si Husein logra la bomba atómica, efectúa una certera acción aérea, destruyendo hasta sus cimientos lo que pretendía ser la fábrica de armas nucleares iraquí.
El mundo entero, EEUU a la cabeza, reclaman y condenan airados, la actitud de Israel sin aceptar que lo que hizo fue salvar su futura existencia misma. Años después, la ONU encabezada por la gran potencia del Norte, inicia la invasión de Irak, bajo la acusación de que Saddam poseía un arsenal de armas destructivas en forma masiva. Si Israel no hubiera actuado oportunamente, tal invasión habría sido algo impensado, pero, como se comprenderá, nadie agradeció a Israel su oportuno actuar.
Con posterioridad, Siria, con la colaboración de Irán y Corea del Norte, inició la construcción de su propia fábrica de armas nucleares, la cual fue destruida por Israel, sin que hasta la fecha, ninguno de los involucrados lo reconozca oficialmente.
Los serios conflictos que están viviendo tanto Irak como Siria, con los cientos de miles de muertos en ambos casos, se han transformado en una afrenta a los más elementales conceptos de calidad y derechos humanos. En ambos países, en todos los bandos involucrados, incluido el fatídico Estado Islámico, se ha visto tal grado de crueldad, que resulta imposible imaginar a que grados habría llegado, si Israel, en su momento adecuado, no hubiera intervenido.
Las equivocaciones cometidas por los últimos gobernantes de EEUU, han llevado a tal grado de detrimento, que todo su intacto poder económico y militar, no logra impedir que se le haya perdido absolutamente el temor y el respeto. Cosa desastrosa, no sólo para Norteamérica, sino que para el mundo occidental todo, ya que nos expone a quedar bajo la sombra de la nueva nación emergente, China.
Corea del Norte, desde hace décadas, bajo el dominio de una dinastía atroz, nos está demostrando lo que puede suceder, cuando un loco dirige una nación con poder nuclear.
No es necesario dedicarnos a hablar de lo que acontece en este mismo instante, ante el temor mundial de una debacle nuclear. Corea del Norte, a través de los años, ha engañado al mundo con falsas promesas, hasta lograr el poderío hoy magnificado por su propio gobernante, tratando de imponer su locura, sin importar las consecuencias que ello podría ocasionar.
En más de una oportunidad, cuando su pueblo se moría de hambre, prometió suspender su actividad nuclear, a cambio de alimentos. Una y otra vez, Corea del Sur y EEUU, aceptaron, enviando cantidades ingentes de alimentos, sin exigir garantías reales de la suspensión de su empeño armamentista. Hoy, ya con poder limitado nuclear, se burla del mundo, pretendiendo una utopía imposible de cumplir, como es el destruir la nación norteamericana, pero, lo que sí es real, es que aun cuando EEUU podría barrer el territorio coreano, las consecuencias serían desastrosas, midiendo los muertos en millones de seres humano, independiente de si China y Rusia, se involucrarían en el conflicto.
En el otro extremo del mundo, un peligro muy superior, se cierne sobre la civilización misma. Irán, bajo la falsa promesa de que sus intenciones son pacíficas, está avanzando a pasos desconocidos, en procura de sus propias armas nucleares. El ex Presidente Obama, sabiendo o no que estaba siendo engañado, le abrió las puertas para que, llegado el momento de tener en su poder, la tecnología que le permita fabricar su primera bomba atómica, se enfrente al mundo y, en ese momento, lo que acontece hoy con Corea del Norte, será simplemente un juego de niños.
Cuando Israel advirtió al mundo lo que estaba haciendo el régimen de los Ayatolas, nadie lo escuchó pues pensó que era un problema de Israel, por lo que ellos no se iban a meter ante las amenazas de destruir la nación de los judíos. Ellos que se las arreglen.
Se está viendo lo que pasa con Corea del Norte y el mundo se olvidó de Irán, su poder nuclear y como se está introduciendo en Medio Oriente, a través de Siria, Líbano y los distintos países de Noráfrica que están en conflictos internos. ¿Abrirán los ojos antes que sea tarde?
Ahora, luego de tantos años, veo una realidad que en el colegio nunca lo enseñaron. Las implicancias que traen cada cambio de imperio y su influencia en los países subyugados, es algo que se debe vivir, para poder aquilatarlo en toda su magnitud. Estamos viviendo el ocaso del imperio americano ¿Cuál será nuestro próximo tutor? No sé si yo lo alcanzaré a ver. Temo por mis hijos y nietos, lo que vendrá por delante, por la ceguera de nuestros actuales líderes mundiales.

David ben Jaim


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