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David ben Jaim

Nacio el 11 de Abril de 1933 en Concepción, Chile.
El año 1939 la familia se traslada a Santiago. El año 1943 se incorporo al JIS (Juventud Israelita Sefaradí) formando parte de la Directiva que en 1947 adhiere a Hanoar Hatzioní, quedando a partir de ese instante, integrado al sionismo en forma indivisible.
Sus primeros comentarios los escribio a partir de 1964 y de 1970 en adelante, se incrementan hasta llegar a ser parte de su ser.
Estos comentarios se han publicado en la casi totalidad de medios comunitarios chilenos, principalmente en El Vocero y Jadashot de la Comunidad Sefaradí.
En la actualidad, es columnista habitual del portal electrónico ANAJNU.

13 de julio de 2017

¿REFUGIADOS O INMIGRANTES?

Queridos amigos, lamentablemente, estos últimos tiempos, hemos estado escuchando y leyendo sobre “refugiados” e “inmigrantes” más de lo que quisiéramos, ya que tras ambos términos, comprendemos que hay involucrado dolor, hambre, frío, padecimientos infinitos.

Abandono del terruño estable y, en resumen, sólo un cúmulo indeterminado de tristeza y negatividad, aun cuando anteriormente, el inmigrar era principalmente para ir a otros países, en busca de mayores y mejores posibilidades de encontrar un mejor futuro para uno y sus seres queridos.
¿Es realmente así la cosa? Para aclararlo, veremos el significado exacto de ambas palabras. Para ello, podría recurrir a Internet ya que de inmediato se me abrirían múltiples portales, con interesantes y extensas explicaciones, pero correría el riesgo de que muchas de ellas, podrían estar influenciadas por prejuicios políticos, religiosos o de tendencias. Por tal motivo, recurriré a los métodos usados en nuestra juventud, un humilde diccionario, para ir en busca de la información respectiva, recurriendo al tradicional y antes socorrido “Manual Sopena” editado en España el año 1965.
Refugiado: Me encuentro con dos palabras “Refugiar”: Acoger o amparar a uno. “Refugio”: Asilo, acogida o amparo, hermandad dedicada a socorrer a los pobres, en las obras de fortificaciones militares, local a prueba de artillería, destinado a resguardo de personas y animales
Inmigrante: Inmigrar, que inmigra. Como esto no nos aclara nada, recurro a Inmigrar: Llegar a un país para establecerse en él, los que estaban domiciliados en otro.
Con estos antecedentes, partiremos con “Refugiados” y para ello, analicemos algunos casos: En Siria, debido a la guerra civil que desangra esta nación desde hace 6 años, millones de ciudadanos han debido dejar sus hogares, unos para ingresar a “campos de refugiados” en su propio país o en la vecina Turquía y otros miles o millones, para llegar a Europa, a bordo de cualquier cosa que logre flotar hasta más allá de 100 metros de las costas sirias.
Los primeros, sin lugar a dudas, son refugiados, ya que son acogidos en campamentos especiales, donde se les proporciona, hasta donde es posible, alojamiento, ropa y alimentación gratuita. ¿Qué pasará en el futuro? Lo más probable es que, una vez finalizado el conflicto, independiente del tiempo que transcurra, volverán a sus hogares o serán recibidos en otros países, donde en plazos que dependerán tanto de quienes los acojan, así como la capacidad y empeño del refugiado, llegarán a incorporarse plenamente a la nueva realidad y, una vez superado el trauma provocado por el traslado al que se vieron sometidos, olvidarán su condición de refugiados, pasando a ser miembros integrales del antiguo o nuevo lugar de residencia.
La experiencia de siempre, nos ha demostrado que ese debería ser el destino de aquellos que en estos momentos, viven o, mejor aún, sobreviven en campos de refugiados, esparcidos por los distintos países con conflictos internos, tanto en Medio Oriente como en África, ya que lo que acontece con los sirios, se repite exactamente igual con los iraquíes, eritreos, sudaneses y, por desgracia, un sinfín de etcéteras.
Nunca la humanidad vio tantos refugiados como al finalizar la Segunda Guerra Mundial y, en la actualidad, la totalidad de dichos campamentos y sus temporales habitantes, se encuentran esparcidos por el mundo, siendo los que aún viven, así como sus hijos y nietos, ciudadanos integrales de las naciones que los acogieron o sus países de origen, si es que las condiciones se dieron para que retornaran a ellos.
El mundo, en general y muy especialmente, las naciones que los recibieron, se esforzaron para que lo más pronto posible, dejaran su condición de “refugiados” para lograr este proceso de rehabilitación.
Si nos remontamos en la historia, veremos que es difícil encontrar períodos muy prolongados, sin conflictos armados que obligaron a parte de la población, a abandonar sus hogares, para refugiarse en estos campamentos, hasta que lograban normalizar sus vidas.
La historia mundial es fiel testigo que así ha sido desde siempre hasta nuestros días, pero, con una sola y lamentable excepción.
El año 1948, fruto de un acuerdo de las Naciones Unidas, se produjo la partición de los despojos que dejó el Imperio Británico, al regalar todas las tierras que estaban al otro lado del Jordán, en el protectorado palestino, a un Rey y su familia, que le sobraba en la repartija que hizo en Arabia, luego de la Primera Guerra Mundial. Acción ilegal, que nadie objetó, al regalar, por no usar el término robar, lo que no le pertenecía, sólo para satisfacer sus necesidades imperialistas, donde sólo ellos importaban y valían.
De esta forma, la Palestina ganada por los Aliados al desintegrado Imperio Turco Otomano, reducido a casi 2 sectas partes de lo original, se debió partir para conformar dos nuevas naciones, una judía, que el mismo 14 de Mayo se proclamó y otra árabe, que no vio la luz por la oposición categórica de los estados integrantes de la Liga Árabe, los cuales, desconociendo el acuerdo de la ONU, no sólo que no creó el Estado Árabe, sino que atacó al recién creado Estado de Israel, proclamando públicamente, que borrarían todo vestigio de los “sionistas” los cuales, si no morían por las armas, serían arrojados al mar.
Era el primer anuncio de que se efectuaría un genocidio, en tiempos modernos. Gracias a Dios y al esfuerzo y valentía de los recién proclamados israelíes, estos intentos se vieron frustrados y, luego de un inicio auspicioso para los atacantes árabes, Israel logró revertir los resultados, iniciándose un avance de las fuerzas israelíes en todos los frentes.
Volviendo al tema que hoy nos preocupa, la guerra de 1948, entre árabes e israelíes, significó que alrededor de 720.000 árabes debieran dejar voluntariamente sus hogares, para seguir a las fuerzas de la Liga Árabe, mientras aproximadamente 780.000 judíos, se vieron obligados a dejar sus hogares, desde distintos países con gobiernos musulmanes, para salvar sus vidas.
Como hoy estamos viendo sólo el tema relativo a “refugiados” no nos introduciremos en las motivaciones que tuvieron tanto los árabes como los judíos, para transformarse en tales (refugiados) pasando directamente a analizar lo que aconteció con ambos grupos.
Israel recibió a estos últimos, ubicándolos en campos de absorción, donde se les enseñó el hebreo, se les educó y adaptó a la vida moderna, a todos los que lo necesitaban y, sin recurrir a dineros ni organismos internacionales, con su propio esfuerzo y voluntad, logró integrarlos plenamente a la vida nacional, de manera de entregarles a cada uno de ellos, una vida digna y plena. Al poco tiempo, todos ellos, pasaban a ser parte integrante de la población israelí, con plenitud e igualdad de derechos al resto de la población, tanto para ellos como para su descendencia. De esta manera, nunca el mundo habló de los “refugiados judíos”
¿Qué pasó con los árabes? Sus integrantes fueron encerrados en “campamentos de refugiados” en que, en condiciones subhumanas, se los sometió a los más crueles vejámenes imaginables, a cargo de soldados iraquíes, de manera de transformar sus vidas en un infierno en la tierra.
El objetivo era, al ver que en el campo de batalla, habían sido derrotados rotundamente, usar a sus compatriotas como armas de ataque propagandístico contra la naciente Israel, culpándolos a ellos, de los sufrimientos, torturas y violaciones a que los estaban sometiendo.
De a poco, los poderosos estados árabes y musulmanes integrantes de la ONU, fueron convirtiendo a estos refugiados árabes, en carne de cañón, logrando implantar tratamientos especiales, para ellos, hasta llegar a nuestros días, en que se han transformado en los únicos refugiados a perpetuidad, en la historia de la humanidad.
Se les prohíbe salir de dichos campamentos, se les mantiene en la miseria, no tienen posibilidades, en su mayoría a educarse, trabajar y cualquier cosa que pueda significar una mejor vida. La totalidad de su descendencia, siguen siendo refugiados, al punto que los propios palestinos, hablan de 4.500.000 de refugiados en la actualidad. Campamentos que se establecieron en países árabes de la región: Líbano, Siria, Jordania e Irak, principalmente, siguen subsistiendo hasta nuestros días, solventando sus gastos gracias a financiamiento internacional. La ONU tiene un organismo a cargo de los refugiados en todo el mundo, teniendo uno especial para estos refugiados árabes, hoy llamados palestinos, el cual se preocupa única y exclusivamente de ellos, con un presupuesto que supera ampliamente a lo asignado a la totalidad de los otros refugiados, aceptando su condición de refugiados eternos, sin mirar la realidad de su cruel vivir, generación tras generación.
Por la extensión del tema, tendré que dejar para otra oportunidad lo referido a los “inmigrantes”. Sobre los motivos y consecuencias de estos “refugiados palestinos” cómo, cuándo y por qué cambiaron de nombre, sobre la cuantía de los montos involucrados, sobre su dimensión humana y sobre su aprovechamiento como arma en contra de Israel, ya ha sido tocada por mí y por muchos otros, lo que no opta a que también se pueda abordar en un próximo comentario.

David ben Jaim


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