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13 de julio de 2017

"Las putas de Buchenwald" enfrentan al espectador a un juego

por Janet Rudman

Agradecemos a Sebastián Barrios Galain a quien entrevistamos en ocasión del estreno de la obra "Las putas de Buchenwald"

¿Cómo te surge la idea de escribir un texto sobre lo que sucedía en los campos con las esposas de los comandantes:? ¿Conocías el nombre de Ilse Koch?

En el 2016 gané el Fondo de estímulo a la formación Fefca (beca concursable otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura) para estudiar Dramaturgia con Mauricio Kartún (Argentino). En esos meses surgió la necesidad de escribir un nuevo texto, quería que ese texto tuviera alguna conexión con alguna situación del pasado, algo todavía no explorado en mi escritura; entonces comencé una investigación sobre los asesinos más importantes que tuvo la historia. Buscando en internet di con una web que reunía una selección de los personajes más siniestros a los que se enfrentó la humanidad, fue así que llegué a Irma Grese “El angel de Auschwits”, una supervisora de prisioneros en los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau, Bergen-Belsen y Ravensbrück durante la Segunda Guerra Mundial. Aproveché mi estadía en Buenos Aires para visitar algunas de las librerías, mi objetivo era encontrar material sobre esta mujer ejecutada en la horca en 1945. Allí encontré algunos libros que me ayudaron a sumergirme en la época, en los conflictos anteriores al Nazismo, y sobre todo el recorrido de la mujer en relación al tema derechos; entre toda la bibliografía di con un libro que reunía la biografía de diecinueve guardianas nazis, allí conocí a Ilse Koch personaje que desconocía absolutamente. Me impactó. Cada hoja que leía era peor, no podía creer lo que estaba leyendo. Me impactó su maldad, su sadismo, el vínculo con su esposo, el comandante Koch, con las mujeres de los oficiales (con quién tenía pésima relación), y ese lugar terrible: “El Picadero” que su marido le manda construir para que realice toda clase de depravaciones. Pensé: aquí hay una historia para contar.

Además del odio hacia los judíos y la anuencia del Partido Nazi ¿qué motivaba la depravación de estas mujeres para humillar sexualmente a los prisioneros de los campos?

Es una pregunta compleja que muchas veces me hice en el proceso de investigación, creación y puesta en escena. En un primer momento pensé que tenía relación directa con alguna patología psiquiátrica, luego leyendo algunos materiales producidos por psiquiatras lo descarté. La respuesta más certera que encontré, tiene relación al fanatismo, ese sistema de atentados personales que sirve como pretexto de una defensa a una idea, o a una nación, en respuesta a lo que consideran un agravio. Esto sumado a un régimen que representó uno de los tantos retrocesos en la historia de la mujer, pero que sin embargo sirvió de pretexto para que muchas pudieran “ascender” y enriquecerse a costa del sufrimiento de los prisioneros, podría ser la causa de dales humillaciones, no lo tengo tan claro, de hecho creo que es la gran pregunta que se esconde detrás del espectáculo: ¿Por qué?

La obra revela un papel de la mujer más activo que el de cuidar a los hijos y a los esposos que el que tradicionalmente muestra la literatura nazi. ¿Las mujeres de los comandantes de Buchenwald representan a las mujeres de los comandantes que estaban en los campos o son casos aislados de un sadismo en su máxima expresión dónde se hacían lámparas con piel humana?

El espectáculo es una ficción. Esta ficción se centra en el vínculo entre Ilse Koch y las mujeres de los Oficiales. De alguna manera la señora del Comandante, no les perdona que ellas sean más “débiles” que ella, y que sus propios maridos; ellas son testigos, presencian todo, saben todo lo que ocurre, pero ninguna tiene valor para ejecutar, en cambio ella sí. Este punto fue algo que me interesó en la convivencia del campo. Fue estudiando esta relación que se me ocurrió el argumento de “Las Putas de Buchenwald”, una obra que plantea cuestiones en relación a la implicancia de las mujeres en las vejaciones, abusos y asesinatos cometidos en los campos. Si bien es cierto que la gran mayoría quedó libre por falta de pruebas, (no fue el caso de Ilse y de su esposo, ambos investigados en primer lugar por las SS, y posteriormente por el tribunal supremo Alemán) es difícil abandonar la idea de que no fueran cómplices y testigos de esas atrocidades.,

Más alla del texto que es ficción, lo que pasa en la obra fue real. ¿Cómo hace un escritor y director para transformar en ficción hechos históricos sin perder el rigor?

Creo que el teatro debe ser un lugar para generar preguntas, un espacio para que el espectador pueda llenar, sea a partir de su vivencia, de su conocimiento, de sus miedos, sus vacíos, debe ser generador de cosas. En ese sentido “Las putas de Buchenwald”, es un espectáculo que enfrenta al espectador a un juego, un juego que en primer lugar, por su condición debe entretener, y que a su vez intenta ser un “disparador” para que el espectador pueda salir del Teatro, e investigar el tema desde otra perspectiva, y de ese modo aportar a la construcción de memoria, sin caer en el lugar común, o en algo más sensacionalista…

Cóntame tu proceso creativo. ¿Qué anécdotas nos podes contar acerca de tu trabajo con el texto y con los actores?

El texto fue mutando en el proceso de creación; yo soy un actor que escribe, por lo tanto considero que el texto es un elemento más en el proceso de creación, un elemento que tiene igual valor que la mirada del director, del actor o del diseñador; en ese sentido se tomaron decisiones importantes a lo largo de estos meses. Una de ellas fue eliminar el segundo acto de la obra, y desarrollar la escena final del primer acto. En la versión original las mujeres son llevadas a juicio, y en la versión final, la fiesta termina con la noticia de que el ejército americano tomó las instalaciones del campo, y que serían llevadas a juicio.

En relación al trabajo actoral, cuando el Teatro Victoria, me convoca para dirigir y presento el texto, me dan total libertad para armar el elenco, cosa nada sencilla, dadas las características de los personajes e historia; había que encontrar actrices que además de su sensibilidad e histrionismo, lograran la confianza necesaria, la desinhibición para relacionarse y construir ese entorno de jolgorio, de fiesta, fundamental para comprender la situación dramática. El proceso fue intenso, y hermoso, hubo mucho entusiasmo, curiosidad, compromiso, y seriedad para encarar la búsqueda, también miedos: ¿Dónde nos estamos metiendo?

¿Qué se lleva el espectador de la obra?

En primer lugar presencia un hecho artístico, participa de un ritual donde grandes actrices (Pelusa Vidal, Sara Bessio, Virginia Méndez, Carolina Eizmendi, e Ileana López) de nuestro teatro, ponen su cuerpo para contar una ficción basada en hechos reales. Un espectáculo teatral con un riguroso trabajo de los diseñadores: Beatriz Martínez (Escenografía y vestuario), Carmen de Vera (luces), Carlos da Silveira (Música) y Carina Kulela (Maquillaje), que aportan en esta búsqueda estética, en este lenguaje particular elegido para contar nuestra historia. Y se lleva (esperemos) preguntas, se lleva la curiosidad por saber quienes fueron estas mujeres, que representaron en la historia; y revela nuevamente lo terrible de la condición humana, en un mundo que día a día llora, duele y parece no aprender de su pasado.

Gracias por tu amabilidad y por compartir con nosotros.


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