Velas de Shabat

Miércoles 31/05
Erev Shavuos

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Anna Donner Rybak

Nació en Montevideo el 21 de setiembre de 1966. En 1993 se recibió de Analista de Sistemas. Desde 1990 hasta 1996 fue docente en la Universidad del Trabajo del Uruguay de las materias Programación de Sistemas y Lógica. En 2011 fue columnista de la revista "Mundo Latino" publicada en Israel. En 2012 publicó su primer novela en papel en Uruguay; "La Judía de Montevideo".

17 de febrero de 2017

No es necesaria la muerte física para estar muerta.

Informativo. “Mujer asesinada en manos de…” La primer reacción es el espanto. La segunda es decir “qué horror”. Pero yo siempre pienso: “¿Por qué?”

Por qué equivale a una causa. Porque el fatídico suceso no es más que un desenlace de una cadena de muchos eslabones. ¿Qué hay tras la violencia física? Un factor que es relevante y que sucede ANTES (y/o durante): la violencia psíquica: la “muerte psíquica”. A veces no pasa más allá de eso, pero aún así, estarás muerta a pesar de seguir transitando por las calles de este mundo hostil. Por lo tanto es menester no desoír ciertas señales que se dan de inmediato, es preciso no restarles importancia, no caer en el error de pensar: “Él me quiere, esto no significa nada”. ¿Cuáles son esas señales? La desvalorización hacia ti como persona, pretendiendo que tu papel sea no el de un sujeto sino el de un objeto al “servicio-de”. El desprecio hacia tu persona por parte del cónyuge y/o su entorno familiar. No importan tus sueños, no importan tus realizaciones, no importas tú. Estás presa en una jaula de oro en la cual apenas te está permitido soñar. Y las jaulas de oro matan, de un modo u otro. O bien quedándote instalada allí dentro, o bien huyendo, porque huir cuesta muy caro. Se paga con la muerte psíquica. Empero, huir (aunque existan mil obstáculos y haya que recuperarse de una muerte muy dolorosa) es salvar la vida. Salvar la estima. Salvar los sueños. Rebelarse ante los ninguneos por no ser una mujer-objeto, sumisa, que espera al marido con la cena lista, y cuyo quehacer diario consiste en ser una “jefa de hogar” admirable, controlar al personal doméstico, y tener a los hijos vestidos como macacos de torta para que todos vean a “la familia perfecta”. Rebelate, te lo pido. ¿Tenés tus propios sueños? ¿Sos buena en lo que hacés? Adelante. No temas. Estarás en lo correcto. Porque si bien llorarás hasta que no te queden lágrimas, al final del camino te sentirás orgullosa de ti misma por no haber permitido que nadie te digite la vida, que nadie te manipule y menos aún que te someta. Por eso elijo abordar este tema desde el costado de lo psíquico. Huir de la jaula de oro es recordar quién era una antes de que “él” apareciera en su vida y luchar por eso. Será un camino plagado de adversidades por haber tenido la osadía de renunciar a una jaula de oro, de Oro, pero jaula al fin. Se vendrá un abismo negro que se “te cobra” por descartarla. En la factura está incluida la manipulación de tus hijos mancillando tu imagen materna y eso conlleva a que tu matriz se desgarre hasta la médula por las lágrimas del vientre que los extraña. Pero aún así, con mil lágrimas, y mil crápulas cuya “vendetta” es quitarte lo más sagrado, tus hijos, debes salvarte. Por eso mi consigna en este día es “Huir de la jaula de Oro, es de Oro, pero es jaula al fin”.


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