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Ianai Silberstein

B.A en teoría literaria y literatura inglesa por la Universidad de Tel Aviv, egresado en 1981.
Programa de Desarrollo Directivo IEEM 1999
Seminario para Líderes Comunitarios de NorteAmérica en el “Shalom Hartman Institute” en Jerusalém , 2009, 2010, 2011. y 20016
Empresario

Ha desarrollado una intensa actividad comunitaria, ne la la EIHU y Limmud Uruguay

Ahora lleva adelante el blog tumeser.com

30 de enero de 2017

Cuentas & cuentos

Los europeos, cuentan las historias anti-imperialistas, seducían a los nativos con chucherías a cambio de los supuestos tesoros de las américas. “Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio y damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo” dice “La Maldición de Malinche”.

Cuando uno mira al teutónico Donald Trump, devenido presidente de los EEUU, no puede no ver a uno de esos europeos abusivos que describe la canción en forma tan ideológicamente sesgada. Está claro que cambió oro y riquezas por cuentas de vidrio y espejos con brillo con su propio pueblo, el pueblo de los EEUU: él ofreció baratijas, ellos le dieron el poder. Sin embargo, su primer y obceno gesto de abuso y fuerza bruta se pone de manifiesto frente a “los nativos”: México. Más allá de su conformación étnica y cultural, México es, a los ojos de Trump y sus votantes, el país aborigen y el origen de todo el mal que permea los EEUU desde el sur. Trump ha devenido en un Pizarro cuando compró la supuesta libertad del cacique Atahualpa a cambio de su celda llena de oro, para luego asesinarlo de todos modos; ha prometido a los estadounidences la grandeza a cambio del poder pero al final del día sólo los llevará a la división y la decadencia moral. Acaso desande los pasos que tan costosamente diera Abraham Lincoln y que pagara con su vida.

Al mismo tiempo, confio en el pueblo estaunidense para enmendar sus errores: si Obama fue un error, acaban de enmendarlo. Lo hicieron con Nixon, con Carter, por qué no con Trump. Lo que me preocupa es la ingenuidad no sólo del votante estadounidense, sino del espectador internacional. En especial nosotros los judíos: también a nosotros nos ha ofrecido cuentas de plata y espejos que brillan en la forma de una embajada de los EEUU en Jerusalém. Si México va a pagar por el muro que Trump prometió a sus votantes, ¿cómo pagará Israel la embajada que Trump prometió a sus votantes? ¿Qué tipo de humillación puede esperarse de “un mono con escopeta” a cambio del tan anhelado y políticamente significativo traslado? ¿Pagaremos cualquier precio? Comparado a la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, el costo de tener la embajada de los EEUU cerca de la Kneset y no al lado del mediterráneo puede ser mucho más que diplomático. Trump y su gabinete podrían esperar una retribución de parte de Israel de tal magnitud y envergadura que haga tambalear no sólo su sistema político-electoral sino las bases de su seguridad nacional. Si Trump es tan buen negociador como dicen, nada será gratis.

Si a siete días de asumir el gobierno Trump se da el lujo de cancelar una reunión con su par mexicano, qué podemos esperar de su relación y compromiso con Netanyahu e Israel: cualquier cosa. Seguramente Obama no estuvo alineado con el gobierno israelí a lo largo de su mandato; su acuerdo con Irán tiene cierto tufillo de traición estratégica. Pero excepto este último y no menor hecho, Obama era predecible: uno sabía que no le gustaba Netanyahu y que creía en la democratización del mundo árabe, aunque éste le estallara en las manos. Trump sólo lanza bravuconadas que, cuando se traducen en hechos, son temibles. Humillar a tu vecino no es solamente poco sabio, está reñido con las normas más básicas de la convivencia. No se ensucia dónde uno vive. Si ya lo hace, poco le costará y le importará hacerlo en Oriente Medio.

No importa cuáles sean nuestros intereses, ni quienes seamos “nosotros”. La pérdida de la brújula moral de una persona, un gobierno, o una nación, terminará en destrucción y auto-destrucción. El Imperio Romano cayó producto de las fuerzas bárbaras pero sobre todo debido a su ahuecamiento moral e ideológico interno; el regimen nazi y su efímero imperio cayó producto de su ambición de superioridad exacerbada y soberbia. Tras la caída del Imperio Romano sobrevino la oscuridad medioeval; tras la caída del regimen nazi Europa quedó en ruinas, el mundo devino nuclear, y los judíos perdimos la mitad de nuestra población. De modo que más vale levantar un poco la mira y apuntar no a una embajada trasladada sino a los valores y los ideales que pueden conducir a un Oriente Medio y un mundo un poco más pacífico. Cuando esta primera (esperemos que única) presidencia de Trump finalice en enero de 2021 podremos evaluar qué fue peor: si la resolución 2334 o la demgógica promesa de trasladar la embajada.


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