Encendido de Velas

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22 de diciembre de 2016

Publicitar el milagro

por Rav Shraga Simmons

Cuando encendemos las velas de Januca, nos ayudamos los unos a los otros a recordar los milagros y bondades que ha hecho Dios en nuestras vidas.

Hace poco más de cien años, un filosofo-poeta judío llamado Yehuda Leib Gordon reprendió a sus oyentes con una frase que terminó convirtiéndose en la consigna de gran parte de la comunidad judía de ese entonces: “Yehudí bebeiteja, Adam betzeteja” (Sé un judío en tu casa y una persona normal afuera). En otras palabras, mantén tu judaísmo como un asunto privado y cuando interactúes con el resto del mundo, relega tu identidad judía a un segundo plano o escóndela del todo.

Muchos siguieron el consejo de Gordon y las señales externas y símbolos del judaísmo —kipá (cubierta para la cabeza), tzitzit (flequillos en la ropa), tefilín (filacterias), brajot (bendiciones) y cashrut (leyes de alimentación), por nombrar sólo algunas— fueron abandonadas en público, a medida que los judíos se esforzaban por imitar y emular a sus vecinos gentiles.
Eventualmente este descuido público de la vida judía se extendió también al ámbito privado y pronto el lema fue alterado: “No seas judío ni en tu casa ni afuera”.

Publicitar el milagro

Hay una costumbre asociada con el encendido de la janukiá que se llama pirsumei nisa, ‘publicitar el milagro’. La janukiá debe encenderse de forma tal que pueda ser vista por la mayor cantidad de gente posible. Esto significa que debes colocarla junto a tu puerta, junto a un gran ventanal, etc.
No basta con que iluminemos nuestra casa con la luz y la calidez de la Torá, sino que también debemos iluminar el barrio y la comunidad en la que vivimos. Queremos que todos sepan que es Januca y que estamos orgullosos de ser judíos. Y, si Dios quiere, todas esas buenas vibraciones se transmitirán a los demás de la forma correcta.
¿Cómo podemos ayudar a otros a apreciar el verdadero significado de Januca?
Regálale una janukiá y velas a alguien que de otra forma no participaría en la mitzvá de encender las velas de Januca.
Invita a algunos amigos que estén alejados del judaísmo a tu casa para comer latkes, jugar al sevivón y discutir sobre “¿Contra quién lucharon los macabeos y por qué?”.
¡Envíales un link o muéstrales directamente este sitio web a tus amigos!
Luz y oscuridad
Januca coincide siempre con el invierno de Israel, la estación que tiene la menor cantidad de luz física en el día a día. Del mismo modo, los eventos de Januca tratan sobre los judíos uniéndose y reconectándose con Dios en una época en que la mayoría de los judíos se sentían perdidos en la oscuridad. Los héroes de Januca lucharon incansablemente y lograron traer con éxito la luz espiritual de Dios a este mundo. Por lo tanto, cada Januca tenemos una mayor habilidad para hacer que se unan los judíos y vuelvan a infundir espiritualidad en el mundo.

Cada noche, a medida que aumentamos paulatinamente el número de velas de la janukiá, aumentamos también de forma simbólica nuestro compromiso de traer luz espiritual a este mundo. Hoy, con la asimilación arrasando a nuestro pueblo como nunca antes, es imperativo para aquellos que se identifican como judíos que “levanten la bandera”, por así decir, y dejen brillar la luz.

Sé un judío en tu casa. Sé un judío afuera. Lo que sea que hagas, ¡sé un judío!

Influenciar a otros
Nuestra habilidad para influenciar a otros es paralela al nivel de compromiso que tenemos nosotros mismos. Hay una hermosa costumbre que habla directamente de este tema: idealmente, la janukiá debiera colocarse justo afuera de tu puerta principal, al lado izquierdo de la puerta (mirando desde afuera). Además de publicitar el milagro de excelente manera, esto también tiene un significado más profundo: dado que la mezuzá se ubica en el lado derecho de la puerta, al agregar la janukiá del lado izquierdo tu casa queda “rodeada de mitzvot”. ¡¿Qué mayor proclamación de orgullo judío podría existir?!

Y si ya estás en eso, ¿por qué hacerlo sólo con la janukiá? ¿Qué hay del resto del año? La Torá ofrece literalmente miles de oportunidades de expresar nuestra identidad judía de forma regular. Podrías:

Encender velas de Shabat.

Decir Shemá todos los días.

Escuchar clases de Torá mientras manejas.

Iniciar un grupo de estudio a la hora de almuerzo en tu oficina.

Hablar hebreo.

Tocar música judía.

Hacer esa visita a Israel que vienes postergando hace tanto tiempo.
Las opciones son interminables. La experiencia es transformadora. La recompensa es eterna.

El poder de la luz
Un exitoso hombre de negocios tenía tres hijos, entre los cuales quería escoger a uno para que fuera su sucesor. Para decidir quién lo sucedería, decidió idear una prueba.

Llamó a los tres hijos y les explicó: “¿Ven esos tres graneros que están allá? Cada uno de ustedes tiene la oportunidad de llenar uno de ellos. El que lo llene lo más completo posible quedará a cargo de mi negocio”.

El primer hijo pensó mucho y determinó que un periódico era el elemento más compacto y que dejaba el menor espacio de aire. Así que ansiosamente partió y recolectó toneladas y toneladas de periódicos viejos, apilándolos cuidadosamente uno arriba del otro. Cuando finalmente terminó, llamó orgullosamente a su padre para que viera.

“No está mal”, dijo el padre, “un poco de espacio de aire aquí y allá. Pero en su mayoría, ¡este granero está lleno!”.

El siguiente hijo tuvo una idea incluso mejor. Trajo camiones llenos de arena; hizo un hoyo en el techo del granero, rentó una cinta transportadora y vertió la arena en el granero. Cuando finalmente terminó, llamó a su padre para que viera.

“Excelente”, dijo el padre, “hasta lo que alcanzo a ver, ¡el granero está casi lleno!”.

El tercer hijo tuvo una idea diferente. Fue al granero y salió dos minutos después, anunciando que estaba listo para mostrarle a su padre.

Incrédulamente, el padre siguió a su hijo hacia el granero, donde se encontró con una pequeña pero brillante vela que estaba encendida en el centro del granero. El hijo señaló en dirección a la vela y proclamo, “El granero está completamente lleno de luz”.

Y él fue el seleccionado para hacerse cargo del negocio de su padre.
Al pueblo judío se le ha encomendado la abrumadora tarea de iluminar el mundo. A pesar de la penumbra que a veces parece permear todo, Nuestros Sabios nos enseñaron: “Un poco de luz puede vencer a mucha oscuridad”.

Fuente: Aishlatino.com


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