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17 de octubre de 2016

La búsqueda de una mujer de 60 en los brazos de un gigoló treintañero

Por Verónica Abdala

En su nuevo libro, la narradora española se ocupa del sexo, el amor y la angustia cuando la vejez se acerca.

En su nueva novela, La carne –la 15ª de su prolífica carrera -, la periodista y escritora Rosa Montero narra una historia de amor protagonizada por Soledad Alegre, una mujer solitaria, sin hijos, y profesionalmente exitosa -es licenciada en Historia del Arte y curadora de exposiciones en la Biblioteca Nacional de España-, que para su 60° cumpleaños decide contratar a un gigoló treinta años menor para así dar celos a su ex (que a su vez la ha dejado por una chica más joven).

En una página web de acompañantes masculinos encuentra a Adam, un chico ruso al que dobla en edad y del que la separa un abismo social. Es el elegido para acompañarla a la Ópera. Allí ella piensa exhibirlo como un trofeo, a cambio de pagarle una pequeña fortuna.

Lo que no prevé la protagonista es que la tiranía del deseo (de “la carne”, a la que alude el título), su propia necesidad de afecto, y la sucesión de hechos, algunos violentos, a la que ambos se verán expuestos, terminará revelando la agonía interna que para ella implica el paso de los años. Mientras ve cómo su cuerpo se afloja, Soledad cae en la cuenta de que nunca fue amada como hubiese querido, y añora esa otra vida que no tuvo. “Somos dos monstruos”, le dirá a Adam, con quien inicia una relación peligrosa, de final incierto para el lector.

Todos somos monstruosos y la normalidad es un invento, la normativa en la que quieren meternos cuando todos somos divergentes- dice ahora Montero, que tiene 65 años, desde su casa de Madrid. Desde allí conversa telefónicamente con Clarín antes de viajar a la Argentina.

La carne es una novela sobre la desesperanza –incluso la obsesión y la locura- a la que pueden conducir el amor y el despecho, pero es sobre todo una novela vital, que exalta la felicidad que el sexo, el compañerismo y el sinceramiento del deseo pueden imprimir en una vida.

Tengo la sensación de que voy quebrando mi propia represión, las barreras auto impuestas -apunta ella-. Eso implica mayor madurez creativa y revela mayor libertad. Hablo del entorno que conozco pero desde un punto de vista muy distinto al mío.

¿En qué se usted diferencia de su personaje?

Ella es una mujer miedosa, controladora, y yo soy más de hacer, pienso que el secreto pasa por vivir como si fuéramos inmortales. Eso es lo que hacen los jóvenes y es tremendamente seductor.

Usted misma se incluye como personaje. Y también juega a desdibujar los límites entre invención y realidad y cuenta historias de escritores malditos.

Ella dice: “Ser maldito es no tener oídos que puedan entenderte, es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con la cultura, con tu lengua. Es desear ser como lo demás y no poder. Es no soportarte a ti mismo ni a los demás. Esperar que te quieran y provocar miedo o risa”. En realidad está hablando de sí misma. Esta historia expone algunas de las maneras que tenemos de fracasar, es un libro sobre el miedo a la muerte pero también sobre el miedo a la vida.

¿Soledad sufre un miedo exacerbado a la vejez porque no vivió como quiso?

​Sí, eso empeora las cosas. Siente que nunca fue querida. En el fondo, está en juego el tema del amor, el que queremos dar y precisamos recibir. Todas mis novelas refieren al tema de la muerte, del paso del tiempo, de la memoria; y la búsqueda del amor está implícita. Aquí puse un caso muy extremo, el de esta mujer que siente que nunca ha experimentado el amor verdadero y sufre un dolor lacerante. La frustración conduce a muchos a formar parejas disfuncionales o tóxicas.

El amor y el deseo aparecen aquí asociados a la desesperación, que se traduce en una obsesión amorosa. ¿Esta es una dimensión típica del amor pasional?

La pasión se define muchas veces por esa necesidad de inventarnos al otro y ese invento se convierte en una especie de droga que nos produce una "adicción". Ese deseo pasional –muy asociado a lo carnal- nos pone en contacto con nuestras heridas más profundas y puede convertirse en un peligro.

¿El sexo en la madurez sigue siendo un tema tabú? ¿Cuál es la reacción de los primeros lectores?

A mí me parece algo de lo más natural. En el mundo en el que me muevo, personas de 60, 70 o más años tienen todo el sexo que pueden, y creo que deberíamos poder hablar abiertamente de eso. Es muy llamativo, sin embargo que, aunque a nadie se le ocurriría decirle a Richard Gere “qué maravilla, tiene sexo a los 67!" O “qué coraje, salir con una niña joven”, si lo dice una mujer provoca reacciones de sorpresa.

¿Cuál es la paradoja que esconde la carne, que a la vez “libera y esclaviza”?

Es nuestra cárcel, porque no hemos elegido nuestro cuerpo, y es a la vez la gloria del sexo. Somos eternos en ese instante de clamor pasional y fusión, esa es nuestra parte animal y más alegre.

El deseo es inagotable, ¿esa condición nos salva o nos condena?

Ambas cosas, corremos tras nuestros deseos y eso nos permite avanzar, y al mismo tiempo siempre corremos tras alguna expectativa inalcanzable. De eso es de lo que empiezas a darte cuenta cuando comienzas a envejecer. La juventud no tiene que ver con la tersura de la piel ni la tonicidad muscular: es la posibilidad de desear y reinventarse. Mientras tengas la sensación de que puedes recomenzar, serás joven. Después -quizás a partir de los 40-, caes en la cuenta de que llevas tu historia a cuestas, se acorta el tiempo para enmendar los errores y hay mucho menos margen de maniobra. Ese es el momento en que se encuentra Soledad.

Usted ha dicho que se siente en parte como Peter Pan, ¿por qué?

Creo que los artistas nunca maduramos, que la dimensión creativa siempre reside en nuestro niño interior. Si eres creador, el niño manda en tu vida.

¿Qué les diría a las mujeres que se han distanciado de sus deseos personales, para cumplir con mandatos externos?

​ Creo que esto pesa tanto a sobre mujeres y hombres. Nos pasamos la vida intentando conformar a los demás, y eso pesa en la vejez. Soledad quiere salirse de ese “teatrillo de mentiras”. Es el gran desafío de estos tiempos.

¿Cree que el mundo actual nos somete a nuevas formas de soledad y aislamiento?

Nuestro mundo es cada vez más solitario, y está plagado de imposiciones. Rescato la conquista de los derechos humanos e individuales, pero hemos perdido mucho de nuestro costado animal, más asociado a la vitalidad del deseo. La pregunta es cómo construir un futuro que combine lo mejor de ambos mundos.

Rosa Montero presenta "La carne" el jueves 27 de octubre en librería El Ateneo Grand Splendid (Av. Santa Fe 1860) a las 19.

Fuente: clarin.com.ar


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