Velas de Shabat

Viernes 31/03
Vayikra

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Daiana Schreiber

Criada en el seno de una familia tradicional judía, entre el guefilte fish y los blintzes descubrió el sabor de la identidad judía.
Estudió en un colegio laico y luego en la Universidad de la República donde realizó una Licenciatura. Su acercamiento al judaísmo lo tuvo en el Centro de Estudios Judaicos. Más tarde los avatares de la vida la acercaron al trabajo comunitario rentado.

7 de octubre de 2016

Allá lejos

Siempre me pregunté si la pasión amorosa era real o algo inventado por los escritores para vender libros.

Patty había sido mi compañera de aquel sueño loco de entrar a la Cancillería. Juntas nos preparamos para el examen de ingreso y compartimos la noticia de que no habíamos sido aceptadas.

Ella tenía una energía muy vital. Su belleza era natural, sus ojos negros sin maquillaje y su desconocimiento de la la celulitis. Vivía en un mundo donde todo era posible. En la época de facultad conoció a Hernán, él tenía veinticinco años más que ella. Era casado. Pero ella se enamoró de aquel bigote y de esas manos casi perfectas. Sus apuntes eran los mejores de la clase. Tenía una letra rendodita y una capacidad de síntesis increíble. Leyendo sus apuntes se salvaban materias. Dejó a su segunda esposa por Patty.

Juntos comenzaron una relación al rojo vivo: aparecían con mordiscos en el cuello, con la ropa desarreglada a las 8 de la mañana, con caras de felicidad en días de helados de invierno cuando todos estábamos tiritando de frío y de bronca con un profesor que llegaba tarde.

A veces me los encontraba en algún restaurante y estaban peleados, comían sin hablarse, pero la fuerza y pasión que mostraban sus ojos era elocuente. Hernán se arrepintió tres veces de casarse con ella en el Registro Civil. Ella no entendía la relación con sus hijos y estaba celosa de cada momento que él pasaba lejos de ella. A veces, le decía que no la dejara sola y no fuera a trabajar. El entendió que no podía rehacer su vida con ella y al final ella se casó con otro.

Recuerdo su casamiento. Ella tenía cara de resignación, su marido era un muchacho joven, atractivo, super educado Siguió la vida y Hernán se mudó frente a mi casa. Lo veo envejecer y siempre hablar de ella con mucho afecto, como de un amor que es para toda la vida.

Muchas veces me contó que se veían. No me los imagino tomando café sin tener sexo. Los recuerdo como la gente con más pasión que conocí en mi vida. Al mirarlos, muchas veces me pregunté si yo alguna vez experimentaría sentimientos tan fuertes. Con los años, me di cuenta que la pasión no es algo que se siente por un hombre solamente.

Pasión es lo que siento cuando me pruebo un par de botas azules en el outlet de Prüne en Buenos Aires y me quedan perfectas. Las pago y la pasión termina cuando llego al hotel. Son otro par más de botas en mi vida. Hay quien colecciona hombres, yo botas.

O simplemente la vida pasó por al lado mío y yo no me enteré.


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