Encendido de Velas

Viernes 26/01
Beshalach

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Janet Rudman | Conocer más

Licenciada en Relaciones Internacionales. Analista en Marketing. Lectora intuitiva y voraz. En lo laboral me he desempeñado en tareas variadas. Di clases de Marketing para principiantes, fui la Encargada de la Revista Kesher de Jabad desde el año 2003 al 2010. Editora de Jai Mujer desde abril del 2011.

3 de julio de 2016

Reencuentro en el avión

Yo tenía veintiocho y le tenía mucho respeto a los viajes en avión. No me atrevía a aceptar mi pavoroso miedo a la muerte. Cada vez que había una turbulencia me acordaba de todos mis seres queridos y mi vida desfilaba frente a mí como una película muda.

Siempre pedía pasillo porque me parecía que estaba más cerca de las puertas de emergencia por si ocurría alguna fatalidad. No sé si es por el miedo a los aviones o por a las alturas pero cuando viajo en avión tengo que decir la verdad y nada más que la verdad. Mejor que nadie se me acerque.

Mi acompañante de asiento apareció. Era Aída, la mamá de mi amigo de la infancia, David. No nos veíamos desde hacía diez años por lo menos, aunque ella seguía frecuentando a mi madre. Esto pintaba como un viaje movidito.

¿Cómo se hace para viajar sentada al lado de alguien que detestás? Tenía ganas de gritarle en su cara que era homofóbica. Que su hijo nunca se iba a casar, y que si lo hacía iba a hacer muy infelices alos dos. No sabía cómo empezar hasta que ella me hizo el camino fácil.

-¿Conoces a Diana la novia de David?
-¿Novia?
-No te parece que es hora de aceptar que David es homosexual y tiene derecho a vivir la vida que siempre quiso. ¿Por qué lo obligas a que tenga novias truchas? A esta altura debe ser cliente de una empresa de acompañantes para presentarte muchachas que cumplen el papel, pero no son reales. El mundo cambió y de eso depende tu relación con él. Es tu único hijo. Aceptalo y acercalo a vos. De lo contrario, cualquier día se va de tu vida y no lo ves más.

Aida solloza y yo me voy a dar vuelta para ver si todo el avión escucha.

-Hay una parte de la historia, que vos no conoces. David es adoptado. En mi época no existían los tratamientos que hay ahora. Como yo no podía tener hijos, y mi marido sí, llegamos a un acuerdo. Su mamá es una chica del interior que tuvo un hijo a los dieciocho años y quería estudiar. Mi sueño es tener nietos.

-¿Qué tiene que ver la homosexualidad con que sea adoptado? Vos adoptaste a un ser humano, y tiene voluntad propia. Vos lo adoptaste para criarlo y amarlo, no para que te de nietos. Te hubieras comprado un toro.

-Qué cruel que sos. Tu mamá es mucho más comprensiva, ella piensa como yo, que son cosas de muchacho, que ya se le va a pasar.

-Ya te vas a dar cuenta de lo mucho que vas a perder de compartir con él por ser tan terca. Yo soy solo su amiga y lo quiero ver feliz.

En ese momento, aparece la azafata con la cena y pregunta: ¿qué bebida prefieren?, ¿carne o pollo? La comida trajo consigo el silencio y las dos nos sumimos en nuestros pensamientos.

Pensé que se me había ido la mano, después de todo, era un tema que no me correspondía, pero al estar en el avión, estaba lejos de Montevideo y su mediocridad.

El viaje transcurrió tranquilamente sin turbulencias ni discusiones. Yo me concentré en mi lectura y ella miró todas las espantosas películas que pasaban. Compartimos las horas como dos viejas conocidas que habían dejado de lado un tema que les pesaba a ambas.
Parecía que el dramatismo de la conversación había desparecido pero, en realidad, las dos éramos muy conscientes de lo que pensaba cada una.
Nos despedimos con una sonrisa y un hasta luego, después de utilizar el mismo taxi que nos llevó a Manhattan.


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