Encendido de Velas

Viernes 27/04
Acharei-Kedoshim

  • Montevideo: 17:48 hs
JAI - El sitio de la Colectividad Judía en Uruguay
Facebook: JAI.Uruguay           Twitter: @JaiUruguay           E-mail: info@jai.com.uy           Web: http://www.jai.com.uy

Janet Rudman | Conocer más

Licenciada en Relaciones Internacionales. Analista en Marketing. Lectora intuitiva y voraz. En lo laboral me he desempeñado en tareas variadas. Di clases de Marketing para principiantes, fui la Encargada de la Revista Kesher de Jabad desde el año 2003 al 2010. Editora de Jai Mujer desde abril del 2011.

19 de junio de 2016

Mi amiga Margarita

Me encanta contar historias sin pedir permiso. Cuando empecé a escribir, me inventé un seudónimo para contar cosas al límite. Muchas veces no escribí cuentos bien jugosos porque dejaba a alguien querido mal parado.

Después, me importó un comino todo. Para colmo de males, le dije a todo el mundo que escribía con un seudónimo. Conté cuál era a quien quisiera escucharlo. Menos mal que nunca participé en ningún asesinato, ni mentí acerca de mis títulos universitarios, ni plagié ninguna tesis.

Margarita era una amiga mía muy querida. Como mentía tanto, nunca se sabía si lo que decía era verdad o no. El día que fui a su velorio me llevé algunas sorpresas. Me imagino que desde donde estaba me miraba y me guiñaba un ojo.

Me hice tal lío cuando vi a toda su familia junta porque había puesto en una cocktelera a los hijos y a los nietos. Los intercambió en una fantasía con ribetes de realidad. Una de sus hijas había quedado embarazada a los 16 años y ella me dijo que al niño lo adoptaron ya que sus padres habían muerto en un accidente. Después, parece chiste, la otra hija quedó embarazada y me dijo que la que esperaba familia era la novia de su hijo varón. A ese niño lo llegué a conocer de pequeño. A veces atendía el teléfono cuando yo llamaba a su casa y recuerdo las mil vueltas que daba la abuela para explicar que ese infante estaba siempre allí. Aún resuena en mi memoria su número telefónico, 2211 26 36.

Yo tenía la sensación de que había algo que no cerraba en sus historias de familia. Pero siempre me preguntaba qué impulsa a alguien a mentir sobre cosas que nadie le preguntó. Entendía que me mintiera cuando una época de nuestras vidas yo era su supervisora. Yo era principiante en el tema de supervisar encuestas y ella tenía el Master en “Cómo inventar una encuesta sin que el supervisor la descubra”. Hubiera ganado varios Oscars: a la mejor actriz, a la mejor película y a la mejor directora. No hubiera ganado vestuario porque siempre tenía el mismo conjunto de pantalón y camisa marrón que la hacía verse aún más enorme de lo que era. Ella tan alta e imponente sus ojos verdes traviesos desafiaba a mi jefe que siempre quería pagarle menos encuestas de las que había hecho en realidad. Cuando se peleaban, eran dos voluntades firmes que defendían cada uno lo suyo. Yo los miraba como en un partido de tenis, la pelota se deslizaba de una cancha a la otra y yo era meramente una observadora.

La recuerdo con afecto. Ella me conoció en una etapa de mi vida que yo me sentía perdida en un trabajo que me era ajeno y mantuvimos una amistad durante quince años. Me imagino que me mintió todo ese tiempo, pero yo creo que me quería. Todos los 31 de julio la recuerdo y le hago un homenaje personal: como sándwiches de la panadería 25 de mayo en su honor. Le gustaba muchísimo comer a la gorda. Cuando festejábamos algún cumpleaños o fin de año, ella nos pedía por favor que compráramos los triples de palmitos que eran sus favoritos. Por supuesto que esta historia es verídica y que la gorda era gorda. Le cambié el nombre por respeto a su memoria. Pero todos los demás datos son ciertos, bien ciertos. Va a ser alguien que seguramente extrañaré en mi próximo cumpleaños, cuando quiera juntar a la gente que hizo mella en mi vida.


Déjanos tu comentario a continuación


    


Envíame una copia a mi correo

Tweets de interés

    Copyright © 2010+         JAI - El sitio de la Colectividad Judía en Uruguay