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Ana Jerozolimski | Conocer más

Uruguaya-israelí , casada, tres hijos.
Radicada en Israel desde 1979.
BA en Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalem.
Cursó también estudios de Medio Oriente e Islam.
Dedicada al periodismo desde hace unos 25 años.

6 de junio de 2016

"Nunca hubiera soñado hacer tanta cosa"

Este sábado falleció un verdadero ícono de la cultura nacional, del teatro uruguayo, Jaime Yavitz, actor de renombre, respetado y querido director de la Comedia Nacional.

Su nombre nos resultaba cercano también en el ámbito de la colectividad judía uruguaya, por sus años en el movimiento juvenil en el activaba también junto a mis padres y varios de sus amigos cercanos.

En noviembre último lo visitamos en su casa cerca del Parque Rodó, habiendo aceptado él gustoso concedernos una entrevista que siempre sentimos habíamos demorado demasiado en solicitar. Las dificultades físicas con las que lidiaba por un problema en las piernas, no habían apagado la chispa y el entusiasmo que irradiaba cuando hablaba de lo que había hecho en su vida, del hogar de sus padres, y por cierto, del teatro nacional.

Por razones técnicas, durante meses no publicamos la entrevista. Lamentamos profundamente que no haya salido antes de su fallecimiento. Habríamos querido honrarlo en vida. Sean estas líneas, un resumen de lo conversado, al menos, un homenaje a su memoria.

Jaime, me emociona tanto tener esta oportunidad de entrevistarte, que no sé por dónde empezar...Creo que lo mejor, habiendo cumplido tú ya 82 años, sería desearte salud, hasta los 120...o hasta los 100 como a los 20..no sé qué preferirías...

Me conformaría con menos. Si me hubieras preguntado esto hace 10, 12 años te habría dicho de pronto "mientras el cuerpo aguante". Ahora sé que no aguanta tanto. Tampoco la memoria, lo cual me extraña. A veces no recuerdo obras que dirigí, cuando la gente me dice que me vió en tal o cual obra...pero ahora ya no importa tanto porque mis ex alumnos ya tienen alumnos, o sea que hay generaciones que yo no conocí. De todos modos, cada vez hablo menos de teatro.

Pero yo quisiera hacerte hablar de teatro, porque cuando se habla de Jaime Yavitz, la presentación, más allá de adjetivos variados y elogiosos, será “el actor, el director de la Comedia Nacional”. ¿También tú resumirías así lo hecho hasta ahora en tu vida?

Son más de 50 años en el mundo del teatro. Como espectador empecé muy joven, como actor también. Amo el teatro. Y 15 años, en tres períodos, como director de la Comedia Nacional.


EL HOGAR


Y ese amor por el teatro nació en un hogar de inmigrantes judíos llegados de Europa a Uruguay.


Así es. Tengo hermanos mayores nacidos en Rusia. Yo nací en Uruguay. Toda mi familia fue esa, no conocí abuelos, no conocí tíos ni primos, o sea que mi concepto de familia tiene un valor muy especial. Además, no recuerdo haber visto nunca a mis padres discutiendo. Y ahora que tengo un hijo en el exterior, para mi esposa Beatriz y para mí es como un desgarramiento. Por suerte, todos los años nos vemos, pero es muy duro. Y mi concepto de familia también pasa por el recuerdo de mis hermanos que me prestaban los libros. Y del almacén que tuvo mi padre cuando vivimos en Guaviyú y luego en Arenal Grande, y de la casa un poquito más grande en Domingo Aramburu.

Mis padres incidieron mucho en mí, con su forma de concebir la vida. Teníamos enormes dificultades económicas. Y en medio de todo eso, sí, nació el amor por el teatro.


VARIOS MUNDOS A LA VEZ

Siempre combinando el mundo nacional uruguayo con el uruguayo judío...hasta en el teatro.

Por supuesto. Porque ya a los cinco años yo iba con mis padres a ver teatro en idish. Y aliviaba el hecho que por mi edad, por mí no pagaban. Y también iba al Teatro Solís que después se convirtió en mi segunda casa. En realidad, vivía más horas allí que en casa. Te diría que empecé a ver teatro sin saber lo que era. Además, yo hablaba en español..y el primer teatro que vi fue en idish.Y siempre, sí, combinaba dos mundos.

Recuerdo la alegría de jugar a la pelota en la calle. De ir a la escuela idish, la “Doctor Hertzel” y también a la escuela pública. Llevaba en mí dos mundos.

Y eso seguramente fue más notorio todavía cuando fuiste a la Escuela de Arte Dramático...


Claro, muchos me preguntaron “¿un muchacho judío en la Escuela de Arte Dramático?”. Pero para mí estaba claro..Yo ya había disfrutado de chico sintiendo el placer que sentían mis padres mirando obras en idish....y desde ahí, ese mundo se amplió para mí. Lo fui mamando. Empecé conociendo actores judíos, pero luego fui más allá. Recuerdo que el propio Alberto Candeau me dijo que el mejor actor que había visto en su vida se llamaba Jacob Ben-Ami, judío llegado de Europa,...De eso nunca me voy a olvidar.

O sea que fui mamando todo ese mundo, además de la literatura judía, lo que hablaban mi padre con mi madre. Escuchar a mis padres me sirvió mucho , oir los “por qué” de todo. Charlaban horas en la cocina y yo me quedaba escuchando. Y siempre tengo claro qué importantes fueron mis padres y mis hermanos, guiándome en cosas...es que habían trabajado desde los 9 ó 10 años...y gracias a su esfuerzo, yo pude hacer el liceo con mayor comodidad, no tuve que hacer el nocturno.


Jaime, volvamos al teatro...Tú activabas en el movimiento juvenil sionista Hanoar Hatzioni, que en aquellos tiempos aglutinaba a numerosos jóvenes uruguayos judíos. Y hasta eso tuvo que ver con tu vida dedicada al teatro ¿verdad?


Así es. Tuve la suerte que Hanoar hizo una obra de teatro y la mujer que vino a dirigirnos, me eligió a mí. Teníamos en ese momento 14, 15 años. La mujer que vino a dirigirnos veía mucho teatro y además era violinista del Sodre. Dijo que le gustó mucho mi voz. Perdón, queda feo y vanidoso que lo cuente quizás, pero me dijo "yo leí la obra como siete u ocho veces y la voz del personaje este sos vos". Y ahí hicimos una función, ensayábamos en serio, o sea era una mujer que venía con la disciplina de la orquesta sinfónica del Sodre, no a los horarios del Hanoar....

¿Sentiste que estabas en lo tuyo?

Sí, estaba feliz en los ensayos. Yo vivía todo eso..Te cuento algo que no todos saben, aunque los compañeros en la Comedia Nacional sí lo sabían: a mí me gustaba mucho cantar y estudié canto. Margarita Xirgu, cuando yo estaba en la Escuela de Arte Dramático, me eligió a mí para que cante una canción, rarísimo porque no era profesora mía, me tomó solo el examen. O sea, me gustaba mucho cantar, pero nunca estuve en el coro... Yo era el rey del canto, no sé cómo me aguantaban, en casa vivía cantando.

Asociamos hoy con toda naturalidad a Jaime Yavitz con la Comedia Nacional, pero seguro que no era tarea fácil estar allí...nada es sobreentendido...

Te diré que cuando yo estaba en la Comedia, para mí era sagrado no faltar. La disciplina que tenía la Comedia era casi, no digo militar, que ya suena mal en estos países, pero llegar tarde al ensayo de la Comedia era como cometer un delito. Simplemente, no se llegaba tarde.

Y eso también se combinó cierto tiempo con el fútbol ¿verdad?

Así es. Jugué en el Goes, fui a practicar a Nacional, iba a jugar a Sudamérica, pero era muy lejos la cancha había que tomar tranvía y mis padres tenían que pagar el boleto, y yo no trabajaba, así que iba al Goes que era más cerquita.

PARA TODA LA VIDA

¿Y cuándo decidiste que el teatro sería tu vida?

A los 16 años me di cuenta que yo quería hacer teatro o ser cantante de ópera. Recuerdo que iba por la zona pasando Justicia para ir al Victoria. Escuché una voz cantando ópera y me fui acercando. Vi un letrero grande, de una profesora del Instituto Imperial Ruso .Empecé a ir allí todos los días a escuchar las clases porque su ventana daba a la calle. Un día la profesora bajó y me dijo "entre" , así, con acento francés. Y no me cobró, y un día me dio vergüenza porque todos les pagaban. Se ve que le dijeron que yo iba todas las tardes a escucharla. Recuerdo la vez que al fin apareció, con pollera larga.

Yo tenía voz de barítono dramático, pero llegaba a tono de bajo con bastante facilidad.

La maestra rusa me daba clase gratis . Después pude pagarle y cuando yo no pude pagar más, me fue a buscar a casa, no sé cómo encontró mi casa. La encontré cuando volví de una película, estaba en la cocina con mis padres ,un domingo.

Tu amor por el teatro se unía con el amor por el canto...


Sin duda. Recuerdo qué amigo era de Alberto Sobrino, uno de los grandes actores del Galpón, que después fue actor de la Comedia Nacional, hasta que falleció. Fuimos íntimos amigos. Alberto Sobrino, un actor notable que cantaba. Inauguramos el teatro Victoria con una obra de Brecht, la voz de él era de barítono, y hacíamos los dúos que nos quería echar. Había que vernos. Nos poníamos a cantar ópera, zarzuela, en los camarines cuando terminaba la función. Me acuerdo que la Castro cerraba de un portazo porque nosotros hasta que nos íbamos vivíamos cantando.

Me fui a inscribir primero para el coro, para la escuela del coro del Sodre. Recuerdo que empezaron a venir hombres y mujeres con partituras debajo del brazo, porque les tocaban al piano. Yo no sabía ni lo que era un examen. Había aprendido lo elemental, en el liceo. Entonces hui porque me di cuenta que iba a pasar vergüenza, me vino un susto bárbaro. Pero en teatro sí me animé, como no pude entrar al Galpón, entré al Circular, y empecé y ahí estaba en un coro polifónico maravilloso realmente. Y estaba a quien llamamos después el gaucho Hendler, que entró a la Comedia Nacional. Yo vi su último examen. El era mayor que yo. Estaban él y la esposa, la hermana de Jorge Criador, gran actor.

Y entraste finalmente en la Comedia Nacional...

Recuerdo que varias noches antes del examen no dormí.Estuve en la Comedia , en total, 49 años. Como Director, en tres períodos distintos, en total 15 años.

UN TRABAJO SINGULAR

¿Tus padres nunca te dijeron qué vida es esa la del teatro?

Ojo, hacía teatro y seguía mi vida de trabajo. Yo vendía soutienes en los barrios. Porque el fabricante tenía cuatro corredores grandes pero que iban a 18 de Julio, vendían de a docenas. A mí se me ocurrió lo que hacía mi padre: ir a los barrios, agarraba San Martín y todas las tienditas atendían mujeres de tarde y se mataban de risa, yo hablaba del nido y de los tamaños, y claro, a esa edad les resultaba simpatiquísimo. Y vendía como loco. Los otros tenían coche, pero yo iba caminando, como siempre, de a pie, como hacía mi padre. Iba a todas las tienditas, me hice una clientela increíble, por Garibaldi y otras zonas.


Genial...actor y vendedor de soutienes. ¿A qué edad?

Y yo tenía 17 años, 18.

AMOR DE POR VIDA


Jaime, hablas de todo esto y te diré que tus palabras transmiten una gran pasión por todo lo que hacías, una vida vivida muy fuerte..

Yo viví un mundo que nunca hubiera soñado lo que me pasó, yo quería ser actor, trabajar, vivir la vida, tener novia, tener hijos.


¿La vida que tuviste superó tus expectativas?

Nunca hubiera soñado hacer tanta cosa, vivir todo eso..Yo no sabía lo que era...

¿El mundo del teatro de verdad?

Yo no sabía lo que era la Escuela de Arte Dramático. Me enteré por Hendler. Me enteré que hacían respiración, educación de la voz, teníamos grandes maestros. Recuerdo que siempre fui tronco para bailar. Creo que recién de novio con Beatriz fui a bailar. No sé bailar..pero ahí te enseñaban polka y todos más o menos se daban maña. Lo interesante es que no sabía bailar pero además de gustarme fútbol, boxeo, básquetbol, todo eso, también me gustaba el ballet. Yo fui a ver ballet a escondidas. Nunca me voy a olvidar de “Las Zapatillas rojas”. Y en el barrio, donde jugábamos al fútbol, decir que uno había ido a ver ballet, era un problema.


Un serio problema de rodillas, por el cual llegaste a caerte varias veces, llegó a molestarte sobre el escenario.

Así es. Recuerdo que vino un director francés que yo conocía, y que para que yo trabajara, trató de cambiar cosas. Recuerdo que una vez en el ensayo pedí que pongan baranda porque no podía subir tres escalones. Yo me di cuenta que estaban haciendo ciertos arreglos, que me viniera a buscar uno de los personajes y que cuando yo salía, habían inventado algo como que me ayudaba a subir. Y entonces vi que la escenografía que yo había visto en el dibujo no tenía eso.

Lo que pasa es que aún cuando dejás de ser director siempre queda una cantidad de cosas que los escenógrafos todos te conocen. Recuerdo en especial al gran escenógrafo Osvaldo Reyno, hermano del actor Walter Reyno. Lo conocí cuando tenía que decir "la mesa está servida", y terminó siendo un escenógrafo genial.

Jaime, en tu mar de recuerdos... ¿hay algo que quisieras agregar?

Yo estoy preocupado ahora por dificultades mías, por cómo ir al teatro, porque todos los teatros independientes tienen escalones. Y ya en el Solís tengo dificultades porque modificaron ya no puedo entrar al escenario a saludar porque hay que tocar un timbre y subir y bajar unas escaleras que yo como actor las subía, pero yo encontraba la forma de arreglarme, de llegar arriba y de llegar abajo, y ahora no podría nunca. Y además, ya no están ni siquiera los porteros, que formaban parte de mi vida.

Quisiera recordar la grandeza de muchos de los actores uruguayos...Yo me preguntaba a veces , si hubieran tenido escuela aquellos actores, varios de la generación anterior a mí, mismo Criador, hubieran sido primerísimos actores en Francia, en Inglaterra que es el mejor teatro que yo vi....¡Ay mi Dios! ¡Los talentos que había acá!

Disfrutaste de conocer ese mundo y de ser parte de él...

¡Y cómo! Yo fui buen director de actores. Salvo en la última obra que me agarró de muy mal humor, cosas rarísima en mí, yo daba clase, me divertía. En los ensayos me divertía, en la gira me divertía como loco. Con los de la Comedia en las mesas era divertidísimo. En la última función, en la que había que desarmar, yo me quedaba y cenaba con los maquinistas, me hacía muy amigo, tomaba mate con los maquinistas para el armado. Recuerdo que una vez, les gané a las cartas pero igual me tocó comprar la yerba y los bizcochos de toda la gira.

Y en el escenario, nunca dejaste de emocionarte ¿verdad?


Así es. Te quiero decir que yo viví un mundo que cuando lo tuve que dejar ...fue difícil. Yo iba todo lo que podía al teatro. Era tremendo, yo nunca me quedé en el escenario, siempre me iba al camarín, Beatriz venía, yo no esperaba que viniera la gente, a mí me daba como no sé qué.... Un alumno me preguntó: ¿profe, todavía nervioso en un papel chico? El día del estreno yo cuarenta minutos antes ya estaba ahí, ya había recorrido por donde iba, por donde tenía que salir, recorría tres o cuatro veces el escenario...Una vida...realmente una vida....


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