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Bernardo Ptasevich

Nacido en Montevideo en 1949. Actualmente vive en Israel. Sus escritos son primera página de AURORA-ISRAEL con más de 250 editoriales de opinión publicados. Diferentes medios de difusión del mundo republican sus trabajos en español y otros idiomas. Comparte con sus lectores la percepción de la realidad israelí y el Medio Oriente desde la visión del ciudadano que vive los acontecimientos.

4 de mayo de 2016

La diferencia entre la guerra o la paz

Deberían existir opciones entre la guerra y la paz. Sin embargo todos somos escépticos sobre la posibilidad de soluciones que permitan a israelíes y palestinos vivir y relacionarse en forma razonable. La desconfianza es el principal obstáculo así como también la generalización. Para los israelíes, todos los palestinos son malos y para los palestinos todos los israelíes lo son. Una ecuación de difícil solución actual y casi imposible de resolver en el futuro.

La realidad es que el extremismo traba toda posibilidad de soluciones, liderado por los terroristas del Hamás y debemos decirlo en forma clara, también de la Autoridad Palestina. Ambos desde distintos ángulos o en diferentes escenarios buscan lo mismo y no muestran signos de ningún cambio positivo. La destrucción de Israel, arrojar a los judíos al mar, fue, es y será por siempre su objetivo. La intervención de terceros en el conflicto no hace más que agravar la situación. Ni el Presidente Barack Obama, ni sus predecesores, ni la ONU, ni la UE (Unión Europea) y mucho menos la Liga Árabe han logrado progresos al respecto principalmente porque priorizan sus propias necesidades económicas y políticas.

Intereses, cultura y educación
No es cierto que el problema sea religioso, o por lo menos no solamente religioso. Los intereses de los gobernantes palestinos están siempre por encima de las soluciones. El resultado obtenido de ayudas y aportes no van a parar a la población sino a los que manejan el poder que llenan sus bolsillos y aumentan su ya desmesurado patrimonio con dinero que no les pertenece.
Desde Israel cada vez se ve menos conveniente un acuerdo. Los ciudadanos creen que será aun más perjudicial. A medida que pasa el tiempo todos se acostumbran a la situación como algo normal y la soportan a pesar del dolor que provocan los atentados y ataques con cohetes. Ninguna de las partes está preparada para la paz, por diferentes motivos y los distintos objetivos. La cultura palestina dice que Israel es malvado. Eso se enseña en las escuelas, en la casa, en todas las actividades y se promueve por sus medios de difusión sin posibilidad de otras visiones. Así el progreso o el bienestar de los ciudadanos queda anulado con la participación obligada o inconsciente de ellos mismos. Muy pocos pueden escapar a las enseñanzas de las mezquitas, de sus escuelas y de sus padres. Solo contadas excepciones, personas que han tenido la oportunidad de conocer otras formas de vida por haber viajado tuvieron la oportunidad, pero aun en este caso el porcentaje es reducido. Entran a jugar los sentimientos de lealtad, la traición a su familia, a sus creencias religiosas y el temor a los poderosos de turno tan real que no puede ser dejado de lado.

Los periodos de calma no son suficientes
Luego de una andanada de cohetes o un sinfín de atentados llegan algunos periodos de calma que no alcanzan. No son espacios para reflexionar sino un periodo para la preparación de más atentados y disparos de misiles. Cuando el objetivo y la meta es destruir, todo gira alrededor de esa premisa, en los tiempos de guerra y también en las pausas. En ese contexto no hay lugar para tender puentes de paz. Cierto que no es mucho lo que hace Israel para construirlos, pero es la consecuencia lógica a las acciones del terrorismo palestino. Siempre que hubo la posibilidad de negociar se ha hecho. Nunca se lograron resultados reales porque


eran imposibles de conseguir. La política internacional indica que cada tanto tiempo haya conversaciones. Estas cumplen las expectativas políticas de las partes para sus fines internos, y también de los terceros en momentos que se juegan las candidaturas, el poder y el dinero. Un periodo de calma no es paz, se convierte en un tiempo previo de la guerra. Ambas partes se preparan para ello día a día, nadie siembra para una paz que a los ojos de todos resulta imposible.
Túneles en lugar de puentes
Ante la mirada indiferente de la comunidad internacional y de los benefactores que aportan fondos para el apoyo a los palestinos, Hamás continúa desviando las ayudas que utilizando para la construcción de túneles que les permita atentar en el territorio de Israel. No hace falta especificar para qué serán utilizados. Hace pocos días el Ejército descubrió un túnel con una profundidad de entre 30 y 40 metros con entrada en Gaza y salida dentro del Estado judío. La destrucción de las infraestructuras de la última incursión israelí fue detenida antes de tiempo por la presión política internacional. Ahora se verán los efectos de no haber completado el trabajo. Las medidas posteriores tampoco evitaron que Hamás tenga los elementos para volverlos a construir. Un sistema de tecnología avanzada fue el que permitió detectar ese importante pasadizo que seguramente no es el único. El Ejército de Israel y los servicios de inteligencia deben estar muy atentos para desbaratar los intentos antes de que se produzca alguna incursión letal. Israel necesita el apoyo financiero de los EEUU para continuar luchando contra estas construcciones en momentos de tensa relación entre los dos gobiernos. Las inminentes elecciones no permiten saber anticipadamente quién será el presidente de ese país, cómo será la conformación de su parlamento y cual la postura referente a Israel y las nuevas ayudas militares y económicas.

Un futuro con más sombras que luces
Shalom, esa tan ansiada paz que siempre fue soñada desde la creación de Israel no es algo posible ni real. Esto no significa que se deba dejar de intentar pero no existe hoy quien realmente crea en ella. Es más una tradición, una costumbre y a la vez una utopía que algo posible y real. Pasarán décadas y generaciones antes de que se abra una sola puerta con posibilidades de lograrla. El deseo de una parte no alcanza y menos aun si tampoco esa parte esta totalmente segura de que sea beneficiosa. La guerra sólo trae tragedias, destrucción y muerte, pero cuando la paz no es posible no hay opciones. Si alguien está al acecho las 24 horas de todos los días en contra Israel debe defenderse y prevenir situaciones para mantener la seguridad. Así vive el Estado de Israel y sus ciudadanos, en el filo de la navaja esperando un nuevo atentado, nuevos misiles y otra guerra. Así vivirán muchos civiles palestinos que aún en contra de Israel preferirían una disputa diplomática y no bélica. Pero ellos no hablan, no pueden manifestarse ni lo harán porque correrían peligro sus vidas y las de su familia. Si lo hacen morirán por fuego amigo, serán castigados de la forma más cruel, la única que conocen los fanáticos del Hamás. Hay por delante una vida llena de dificultades, pero como siempre se va a enfrentar con hidalguía y honor para defender a los ciudadanos y al país. Israel seguirá vivo y creciendo a pesar de todas las amenazas porque su gente prioriza la vida a la muerte.

Fuente: Aurora


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