Encendido de Velas

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Janet Rudman | Conocer más

Licenciada en Relaciones Internacionales. Analista en Marketing. Lectora intuitiva y voraz. En lo laboral me he desempeñado en tareas variadas. Di clases de Marketing para principiantes, fui la Encargada de la Revista Kesher de Jabad desde el año 2003 al 2010. Editora de Jai Mujer desde abril del 2011.

30 de abril de 2016

La gota que desborda el vaso

Ricardo es sanitario hace veinte años. A pesar de la falta de glamour de su profesión, él la disfruta a pleno. Le parece que hace magia cuando destapa un caño y arregla una cisterna que pierde. Vaya drama para una señora mayor que vive sola. Pero su especialidad no son las abuelas. En realidad, hay abuelas de cuarenta y cinco. Esas, si son su especialidad.

Cumplió cuarenta años hace un mes pero parece de treinta y tantos. Le encanta el gym y exhibir sus músculos. Le gustan mucho las mujeres. Mucho, pero mucho. Para él la vida es una eterna conquista. Eso no le impide estar casado y tener dos hijos. Es un padre dedicado. Su esposa, Alicia, es muy atractiva. Pero él necesita la adrenalina de probar nuevas experiencias. Su trabajo le da la chance de conocer mujeres ávidas de pasar buenos momentos.

Tiene la costumbre de echarle una miradita a facebook antes de visitar una nueva clienta. Si, parece un chiste. No solamente la gente de Recursos Humanos rastrea las huellas en las redes de los futuros postulantes. Los sanitarios también lo hacen, sobre todo si son bandidos como Ricardo. Le pregunta a las clientas el nombre y las atiende de acuerdo a la apariencia física y estado civil. Prefiere las casadas, ya que estas buscan algo rapidito como él. Le huye a las profesionales solteras de cuarenta que están tras la fantasía de tener un hijo con el primer hombre que lleven a la cama.

A Ricardo le gusta vivir al límite. Muchas veces hace apuestas con su grupo de amigos, a ver cuándo su mujer lo va a descubrir, pero ha venido zafando los últimos quince años. Deja su celular arriba de la mesa de luz, con la fantasía de qué sucedería si su esposa viera alguna de las fotitos o mensajes que recibe de sus amiguitas.

Un día de lluvia torrencial recibe bien temprano, la llamada del dueño de un local comercial ,por un caño roto. Sale de su casa tan apurado que olvida su celular. Al volver, va corriendo a ver el whatsapp. No hay más que reclamos de clientes que necesitan sus servicios. Pero un sexto sentido le dice que hay algo que no cuadra.

Alicia lo llama para cenar. Ese día están solos porque los chicos están con los abuelos. La mesa está puesta con esmero. De la cocina llega un aroma a perejil y ajo. La cena consiste en pollo al ajillo y papas bravas con salsa barbacoa. Al terminar la cena, Alicia lava los platos y le dice que le gustaría conversar un rato.

Creo que es hora de que hablemos con sinceridad.

Estás muy seria.

Vos sabes cuánto te quiero. Pero hoy, me di cuenta de que nuestro matrimonio es una farsa y no tiene sentido seguir fingiendo. Yo me imaginaba que eras un pirata, pero nunca tanto. ¿Vos sabes: cuántos mensajes te mandaron hoy diferentes mujeres para verse contigo? Nada más y nada menos que cinco. Te voy a dejar libre para que puedas satisfacer a ese universo de mujeres que deliran por vos. Estoy demasiado grande para ser tan pelotuda. Yo la verdad he tenido relaciones en estos quince años. Pero no compito contigo en número, lo mío es otra cosa. He tenido un par de relaciones, pero no cuajaron. Uno fue un compañero del banco y otro fue, Ernesto, mi novio de la secundaria. Yo los veía como chances de cambiar de vida, de empezar otra historia.

¿Cómo te atreviste a meterme los cuernos? Yo te creía una madre de familia.

Sos muy gracioso. Me guardé el sexting de tus amiguitas por si lo necesito en el juicio de divorcio. Por mi parte, yo me quedo viviendo acá con los chicos y vos te vas hoy de noche. Ya te hice la valija.

Pero, yo te quiero a vos. No me quiero ir de casa. Este es mi hogar. Fueron cosas sin importancia. Vos sos la mujer de mi vida.

Vos y tu pene son lo único que cuentan en tu vida y es a él a quién realmente amas. Lo demás son cuentos que me contaste y te contaste. Ya tengo cuarenta años, es ahora o nunca, aprovechar esta oportunidad que la vida o vos me regalas. Te pido por favor que le digamos a los chicos que fue de común acuerdo, ya no nos queremos y que todo va a seguir igual para ellos.

Nunca te creí capaz de semejante cosa. Meterme los cuernos, querer separarte y decirme que yo soy el culpable. Sos una hija de puta, una mala madre.

Esta conversación termina acá, te pido por favor que me devuelvas la llave y que te vayas. Yo me voy a dormir.


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