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29 de marzo de 2018

Esclavitud hoy en día

por Jessica Hendricks

En este Pésaj, reflexionemos y reconozcamos la dura realidad del tráfico humano.

Dado que crecí en un grupo familiar interreligioso, nuestros bohemios sedarim de Pésaj trataban más sobre la idea de una esclavitud metafórica que sobre honrar los eventos bíblicos o históricos. Jurábamos honrar nuestra libertad mediante liberarnos de las presiones superficiales originadas por la cultura pop que plagan nuestra vida moderna. Yo veía la esclavitud como un molesto obstáculo psicológico que, con la cantidad adecuada de atención y perseverancia, cualquiera podría superar.

Mientras estudiaba en la universidad, viajé a la tierra de leche y miel para estudiar sabiduría judía. Allí comprendí el profundo significado de libertad de acuerdo a la Torá, y aprendí que la libertad no es un regalo que alguien nos da sino un derecho y una responsabilidad. No debemos esperar que nos den libertad con dinero o la aprobación de los pares, sino que debemos salir al mundo y reclamar nuestra libertad verdadera. Esas conversaciones me parecieron vigorizantes; la idea de que yo tenía la llave para salir a mi propia libertad me energizaba.

Después de mi segundo año en la Universidad de Nueva York, viajé al Lejano Oriente para enseñar inglés durante el verano. En medio del increíblemente bello viaje por los jardines tropicales y los majestuosos templos budistas, quedé boquiabierta cuando presencié una imagen muy poco común: “Niñas a la venta”. Sentí que los muros se derrumbaban a mí alrededor cuando me di cuenta que, en el mundo moderno, la esclavitud no sólo era una idea metafórica, sino que era real, tan real como lo era aquella compra y venta de seres humanos.

Advertí que el significado verdadero de la palabra ‘esclavo’ es una realidad para un estimado de 27 millones de personas alrededor del mundo. Me enteré que el ‘tráfico humano’ (definido como el acto de transportar, reclutar u hospedar a una persona para que trabaje por medio de coerción, fuerza, fraude o secuestro) es una industria que mueve 30.000 millones de dólares al año y victimiza a las personas más vulnerables haciendo que el cuerpo sea un objeto de propiedad.

Para poner esta idea en perspectiva, en el pico del comercio transatlántico de esclavos hubo un estimado de 80.000 esclavos que fueron traídos de África al nuevo mundo. Hoy, la cantidad de mujeres y niñas que se venden para esclavitud al año es 25 veces mayor.

Devastada por esta realidad, traté de hablar con mis amigos y familia sobre lo que había aprendido. Yo era la chica en la fiesta que le decía a la gente que se trafica una persona cada 15 segundos o que al menos 100.000 niños son traficados en Estados Unidos cada año. Llena de pasión, comentaba hechos y cifras, pero fui recibida con miradas vacías e incredulidad. Algo sobre este tema parecía demasiado aterrador, demasiado imposible y demasiado lejano como para relacionarse con él. Las personas cercanas a mí no podían “sentir” esta realidad como yo, que la había atestiguado en primera persona, por lo que la magnitud de la conversación disminuía y se tornaba irrelevante.
Sin embargo, los recuerdos de esas jóvenes de Camboya permanecieron en mí, reapareciendo cada tanto para incomodarme, hasta que estuve en un Séder de Pésaj. Estaba de regreso en casa, con un grupo de personas que hablaban abierta y emocionalmente sobre la esclavitud. Encontré un punto de conexión: los hijos de los hijos de los hijos de esclavos continúan saboreando su amargura cada año, y también celebran el dulce placer de la libertad. ¡Cuán brillantes somos los judíos como pueblo, que nos tomamos el tiempo para recordar de dónde venimos con gran detalle y dolor!

Como judíos, no damos la libertad por sentada, sino que la disfrutamos año tras año con nuestros seres más queridos. Entonces, te pregunto: ¿No deberíamos ser los primeros en entender que la lucha por la libertad aún no ha terminado?

Siempre sentí un gran orgullo por descender de generaciones de personas que superaron una opresión increíble para aferrarse a su libertad, una y otra vez. Sé que tengo sangre de sobreviviente. Con esta conciencia viene una sensación increíble de fortaleza, así como una profunda responsabilidad. La historia del Éxodo es vital para nuestra identidad como pueblo, conectándonos no sólo a las generaciones de judíos que sufrieron en el pasado, sino también a nuestra comunidad global que continúa sufriendo hoy en día.

Este Pésaj, mientras saboreamos nuestra libertad, debemos reconocer que la batalla global aún no ha terminado. Cuando probemos el maror, las ‘hierbas amargas’, recordemos no sólo a nuestros ancestros, sino también a quienes sufren en la actualidad.

¿Cómo podemos hacer una diferencia hoy en día?

El primer paso es la educación. Si todos supieran lo vasto y horrendo que es este crimen, más personas buscarían una forma de luchar por un cambio. Considera compartir la información que presento:
¿QUIÉN? El tráfico humano no discrimina por edad ni por género, pero afecta principalmente a mujeres jóvenes de naciones en desarrollo.
¿QUÉ? El tráfico humano es el acto de transportar, reclutar u hospedar a una persona para trabajo por medio del uso de coerción, fuerza, fraude o secuestro.

¿DÓNDE? El tráfico humano es un problema global. Ocurre tanto en aldeas pesqueras del sudeste asiático como en los barrios pudientes de Nueva York.

¿POR QUÉ? El tráfico humano es la industria criminal de más rápido crecimiento en el mundo. Si el comercio de esclavos fuese una empresa, estaría #105 en el ranking de Fortune, por encima de McDonald’s, Xerox y Nike.

¿CÓMO? En el mundo en desarrollo, los traficantes se aprovechan de personas que buscan trabajo con desesperación, publicando oportunidades laborales en restaurantes o fábricas. Las víctimas tienen tal necesidad de trabajar que firman contratos, entregan sus pasaportes y, muchas veces, cruzan fronteras ilegalmente terminando en países donde no conocen a nadie, no hablan el idioma y no pueden ir a la policía si son maltratadas porque son inmigrantes ilegales. Los traficantes les dicen a las víctimas que cruzar la frontera les costó miles de dólares en viajes y comisiones, por lo que ahora les deben dinero. La víctima trabajará y trabajará, pero nunca podrá devolver las deudas inventadas que los traficantes continuarán agrandando.
Con tantos desafíos dentro de la comunidad judía, ¿es nuestra tarea invertir tiempo y recursos en problemas globales? ¿Qué tiene esto que ver con la comunidad judía? Puede que esta causa parezca ser lejana, pero, en realidad, nos afecta a todos. Visita slaveryfootprint.org y, respondiendo unas preguntas básicas sobre las prendas que usas y el café que bebes, descubrirás cuántos esclavos han trabajado para ti. La esclavitud es parte de nuestra economía global y la mayoría de nosotros somos culpables de sustentar este mal sin saberlo.

Entender los hechos sobre el tráfico y la profundidad con que ha permeado nuestra comunidad global nos da la oportunidad de asumir la responsabilidad y ser los líderes en la lucha para poner fin a tan horrenda crueldad.

Somos una comunidad muy poderosa y hemos sido en repetidas ocasiones iniciadores de cambios sociales positivos. Este Pésaj enfoquémonos en luchar contra la esclavitud moderna, donando a organizaciones sin fines de lucro que tienen un impacto directo en los más vulnerables, comprando conscientemente de marcas que tratan a sus empleados con dignidad y, fundamentalmente, educando a nuestra comunidad para que cada uno de nosotros pueda utilizar sus habilidades y talentos con el objetivo de hacer una diferencia en algo que nos sea significativo.

Para mí, crecer viendo la joyería de mi mamá y el cariño que le tengo a su negocio me llevó a utilizar la moda como un medio para conectar a las personas a esta causa, ofreciendo una manera fácil y accesible de devolver. ¿Cómo puedes utilizar tus capacidades para hacer una diferencia de forma novedosa? Utilicemos la hermosa oportunidad de Pésaj y eduquemos e inspiremos a nuestras comunidades para que denuncien y rechacen hoy la realidad de la esclavitud, una esclavitud cuya amargura entendemos demasiado bien.

Fuente: aishlatino.com


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