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19 de febrero de 2016

Solitud

Por Cristina Riesgo

Apenas supo que ella se había ido del país, a Gastón la ciudad se le volvió viscosa, lenta. Esa misma ciudad que antes, cuando Lucía vivía en ella, se le antojaba grande y vertiginosa, ahora se había convertido en una cárcel pequeña, opresora.

Antes,él recorría la ciudad a paso rápido, imaginando que la vería a ella en cualquier momento, disfrutandola incertidumbre del encuentro. Ahora, que tenía la certeza de que Lucía no estaba, Gastón sentía los pies pesados, como si un moco pegajoso se le hubiese adherido a los zapatos, impidiéndole moverse con la agilidad acostumbrada.
Al principio intentó evadirse con salidas y borracheras. Luego, con citas absurdas. El invierno comenzó y él, cada vez más, se quedaba en su casa. Veía videos en youtube y en el medio buscaba fotos nuevas en el Facebook de ella, o algún comentario, cualquier detalle que le permitiera saber su paradero. No encontró nada. Ella siempre fue muy discreta para usar las redes y él lo había sido también. Hasta ahora.
Se argumentaba a si mismo que el tiempo en internet era una forma de entretenimiento sana. Colgaba fotos de sus actividades, hacía videos, reordenaba fotos viejas. Todo parecía muy normal, muy de su época. Salvo claro, la inconfesable idea de que esa frenética actividad en internet lo llevaría, de alguna manera, a ella y así, tal vez, recordaría lo que tuvieron. Como si las redes fueran un cielo mágico al cual enviar palomas mensajeras con la ilusión de que lleguen hasta la persona esperada.

Volvieron los días de calor y la soledad se le hizo más patente en las calles y en los lugares frecuentados. Ya no salía por las noches, las pasaba solo, frente a su computadora. Decidió ordenar fotos: guardó en una carpeta las de Brasil, en otra las de los cumpleaños, repasó una por una aquellas en las que estaban juntos. Todas parecían pertenecer a otra vida, una vida en la que Gastón era Gastón y no ese espectro en el que se había convertido.

Una tarde después de horas de solitarios, Facebook, Youtube y fotos viejas, comenzó a revisar la biblioteca. Hojeó algunos libros, se detuvo en uno de Kundera y releyó un capitulo. El personaje de la novela también extrañaba a una mujer. Vivía con la esperanza de que, algún día, al recibir noticias de él, ella se acordara del amor que una vez le había dado.

Gastón cerró el libro con rabia, sintió vértigoy una opresión creciente en el pecho. Entendiócuán poco él podía hacer para enfrentar a la soledad. Ese inmutable sentimiento que siempre reaparece, sin importar el lugar ni la época, ni cuánto cambien las formas absurdas que usemos para mitigarlo.


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